En Tiempos de Aletheia

Y SIMONE DE BEAUVOIR SE HIZO

Tras una trinchera de libros, Simone de Beauvoir fuma mientras sus ojos se deslizan sobre las páginas y su pensamiento se sumerge en nuevas realidades. Educada para sentirse inferior intelectualmente por el mero hecho de ser mujer, hizo caso omiso a esa premisa. No aceptó sucedáneos del conocimiento, ni guías, ni realidades impuestas. En su casa le inculcaron la preeminencia paterna y la idea de que una mujer es lo que su marido hace de ella, de que es este quien debe formarla. Simone de Beauvoir se desvistió poco a poco de todas esas prendas hasta llegar a la desnudez de una verdad: cada mujer debe hacerse a sí misma.

“No se nace mujer, se llega a serlo” es una de sus ideas más extendidas, síntesis de lo expuesto en El segundo sexo, texto fundamental del feminismo. Lo escribió a finales de los años cuarenta, en un momento en el que ya existía un debate sobre lo que significaba ser una mujer. Se percibía en aquel entonces que la feminidad estaba en peligro y esto llevó a Simone de Beauvoir a plantearse la pregunta ¿qué es una mujer? El resultado de su reflexión desmontó la desigualdad entre hombres y mujeres al demostrar que había sido construida por aquellos. Lo que se entendía por una mujer era una construcción social que había sido definida en relación al hombre: madre, esposa, hija, hermana. No había sido considerada como un ser autónomo, sino como un ser relativo. El segundo sexo lo inició citando a Poulain de la Barre, filósofo cartesiano que ya en el siglo XVII había arrojado una temprana luz sobre este problema: “Todo cuanto sobre las mujeres han escrito los hombres debe tenerse por sospechoso, puesto que son juez y parte a la vez”. Ante esto, la mujer debía reconquistar su identificad desde sus propios criterios, y eso fue lo que Simone de Beauvoir hizo.

Nacida en París en 1908 en el seno de una familia burguesa de moral católica, terminaría revelándose contra los valores inculcados: dejará de creer en Dios y preferirá el desarrollo de un oficio a un previsible destino como ama de casa, esposa y madre. No querrá repetir esquemas asumidos, tener hijos que a su vez tendrán otros que perpetuarán el mismo camino. Desde muy joven decidió que su vida conduciría a alguna parte y que la dedicaría a la actividad intelectual. Por encima de todo, Simone de Beauvoir quería ser alguien. Su padre afirmaba sobre ella que tenía un cerebro de hombre y llegó a lamentar que no lo fuera. En ese caso podría haber sido ingeniero politécnico, pero el hecho de ser mujer lo convertía en una aspiración impensable. Por eso tuvo que aceptar su inclinación a la enseñanza, aunque no le convenciera del todo. Para Simone de Beauvoir la docencia y la escritura fueron los pilares de su existencia, sobre todo esta última. No concebía mejor regalo a la humanidad que escribir libros.

Durante su etapa de estudiante coincidió en La Sorbona con Simone Weil, quien se convertiría en otra gran filósofa del siglo XX. En Memorias de una joven formal recuerda su encuentro con ella. Confiesa que le había intrigado a causa de su indumentaria y de la gran fama de su inteligencia, así que un día decidió acercarse a aquella mujer cuya humanidad le inspiraban aún más respeto que su talento filosófico. Ante una afirmación de Weil defendiendo la importancia de una revolución que diera de comer a todo el mundo, Simone de Beauvoir argumentó que el problema no era hacer la felicidad de los hombres, sino encontrar un sentido a su existencia. “Se ve que usted nunca ha tenido hambre”, fue la respuesta de Weil que finalizó la relación entre ambas.

En aquellos años era consciente de que sus éxitos brillaban más por el hecho de ser mujer. En el ambiente social en el que se movía se entendía que las mujeres eran inferiores intelectualmente a los hombres, pero ella estaba a la par, se sentía en igualdad y así lo demostraba. Una disertación suya sobre Platón le valió la felicitación de algunos condiscípulos, como Jean Hyppolite, filósofo que se especializaría en Hegel y se convertiría en profesor de Michel Foucault y Gilles Deleuze. Simone de Beauvoir se enorgullecía de haber logrado su estima y de ver a los hombres como compañeros y no como adversarios. Y en medio de todos ellos encontró a uno con quien medirse intelectualmente a lo largo de su vida: Jean-Paul Sartre.

Sentados entre libros, papeles y colillas, ambos debatieron sobre la existencia. Fueron dos seres libres que marcaron los límites que quisieron para una relación nada convencional. No hubo matrimonio, ni convivencia, ni hijos en común, pero compartieron ideas, proyectos y un marco filosófico. El existencialismo fue la base sobre la que Simone de Beauvoir sustentó El segundo sexo, pues una filosofía centrada en el sujeto humano que invita a cada cual a comportarse como ser autónomo, a construirse su propia vida y a intentar disfrutar de ella, era lo más indicado para abrir nuevas perspectivas a la feminidad.

Ambos le dieron vida a Les temps modernes, la revista que fundaron en 1945 y que les sobrevivió hasta hace unos meses. En ella, Beauvoir adelantó algunos capítulos de El segundo sexo y el tema del feminismo fue siempre una constante. El fallecimiento en 2018 de su último director, el cineasta y escritor Claude Lanzmann, precipitó la decisión de su cierre. Tanto la revista como él fueron testigos de otra época. Lanzmann tenía 27 años cuando se convirtió en colaborador de la publicación y en amante de Beauvoir. Sartre y ella mantuvieron siempre una relación abierta y aquel joven se convirtió en alguien fundamental. Con él sí llegó a convivir y, al terminar su relación, continuó su amistad. Al morir Beauvoir en 1986, él asumió la dirección de la revista.

Hace poco más de un año y medio, Claude Lanzmann vendió a la Universidad de Yale ciento doce cartas que Simone de Beauvoir le envió durante los años que duró su relación. Muchas de ellas fueron escritas mientras estaba de viaje con Sartre, con quien visitó países tan lejanos como Cuba, Rusia, China o Japón. En una misiva datada en Ámsterdam le escribe: “Sí, mi querido niño, tú eres mi primer amor absoluto, ese que solo se conoce una vez, o jamás”. Este apasionamiento no menoscabó su relación con Sartre ni su sentido de un amor abierto. Se trataba de una muestra más de su libertad, de su voluntad de vivir como quería hacerlo. Y así lo hizo.

Para saber más:

El segundo sexo (Siglo veinte, 1987). La ceremonia del adiós (Edhasa, 2008) Memorias de una joven formal (Edhasa, 2018). AYUSO, Silvia. “Las cartas del ‘amor loco’ de Simone de Beavoir”. El País. 22 de enero de 2018. BASSETS, Marc. “Cierra ‘Les Temps Modernes’, la revista de Sartre y Beauvoir”. El País. 21 de junio de 2019. LÓPEZ PARDINA, Teresa. “Beauvoir, la filósofa existencialista y el feminismo” (Investigaciones feministas: papeles de estudios de mujeres, feministas y de género nº 0, 2009).

 

 

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