En Tiempos de Aletheia

El curso del coronavirus

Ya hace varias semanas que se supo que el Gobierno de Roma iba a dar un aprobado general a los estudiantes italianos por la Covid-19. Una medida que respondería al confinamiento, la imposibilidad de dar adecuadamente el temario de los cursos, así como a una especie de luto nacional anticipado que pretende no echar más leña a la hoguera de las penas nacionales y familiares. En España, por contra, aunque los representantes del Gobierno se reunieron ya el mes pasado con los Consejeros de las Comunidades autónomas para trazar un plan con el que poner fin al curso 2019/2020, aún no parece que nada se haya decidido. Como en todo lo que va de pandemia, con respecto a lo que se va a hacer con el “año del coronavirus” en educación, está resultando muy confuso para el ciudadano de a pie; en este caso, para alumnos, padres y profesores. Y esto, tanto en los niveles infantiles, medios o universitarios.

Mientras que aquí parece que cada Comunidad dispondrá de cierta independencia para decidir, en función de su liberación del virus, y de su marco legal propio, si se abrirán o no los centros, y cuáles serán los criterios de evaluación. En Italia, tiempo ha que el Ministerio de Educación decidió, y consolidado bajo Real Decreto, que todas las escuelas del país permanecerían cerradas definitivamente hasta final de curso, todos los escolares serían aprobados sin atender a las notas de las evaluaciones anteriores, y para la selectividad se acordaría un examen on-line para los alumnos que el año siguiente tuvieran previsto asistir a la universidad. Una situación que, aunque justificable por el estado de las cosas, añade más incertidumbre al panorama social español ya de por sí especialmente confuso.

Y es que si bien la decisión italiana ha podido pecar de acelerada y poco pensada, no es menos cierto que, en tierras patrias, la incertidumbre reinante es considerable. Incluso dentro del gremio educativo. Realmente, la decisión del Gobierno de la bota, ha recibido casi tantas críticas como apoyos. Pero al menos tienen una decisión ya prevista, y una postura unánime que gustará o no, pero ahí está. Así, desde la Unión Europea se lo ha criticado por su falta de atención al mérito y la formación, mientras que para el Sindicado de Estudiantes de España, que pretende una medida similar a la del país transalpino para evitar la expulsión de estudiantes con menos recursos económicos o para aquellos que no pueden realizar las clases telemáticas por falta de materiales o motivación, es una medida a imitar. Pero ya saben todos a qué acogerse.

En nuestro país, en cambio, hay zonas que están pensando abrir las escuelas, y otras que probablemente no lo harán (aunque quizá sí manden a trabajar a los profesores). Hay Comunidades que pretenden apostar por exámenes virtuales, otras que calificarán en función de las primeras evaluaciones y otras que se están planteando un aprobado más o menos general al modo italiano, etcétera. Y perdonen los lectores cualquier inexactitud, pues todo parece estar en el aire, en la niebla unamuniana: donde no se sabe qué pasará hasta que no esté enfrente de nuestras narices. Pero parece hasta plausible que cada Provincia tenga un tipo de selectividad diferente.

En efecto, no es sencillo saber bien qué hacer pues todas las opciones tienen, sin duda, sus “pros” y sus “contras”. Los argumentos a favor o en contra son numerosos; desde la necesidad de alcanzar los objetivos mínimos de los currículos a los estragos académicos que supone repetir o posponer un programa, pasando por la injusticia de igualar a todos los escolares (regalando a muchos un título o acceso inmerecido), o la casi imposible tarea de volver a las clases antes de la llegada del fin del curso. No obstante, desde todo el espectro involucrado se ha echado en falta una mayor y mejor organización. Algo que en estos días de turbación y desbarajuste no carece de importancia. Y con esto, por supuesto, no pretendemos tener la solución ni posicionarnos de un lado o de otro. Simplemente, como docentes, como integrantes de la comunidad educativa y filosófica, amén de como padres y alumnos, nuestra intención es expresar una sensación general de desconcierto ante una situación que debería solucionarse… Y de paso, amigos lectores, recoger y conocer sus opiniones y preferencias respecto a una decisión que, por futurible y sin concreción, no alcanzamos a respondernos satisfactoriamente nadie. ¿Se debe esperar a ver cómo se van desarrollando los acontecimientos?, ¿habría que completar el curso aunque esto suponga perder parte de las vacaciones estivales?, ¿hay necesitad de volver a repetir por completo un temario que si no se va a quedar vacío en las vidas de las próximas generaciones de historiadores, filósofos, abogados, médicos o ingenieros?, o ¿se debe dar un pase sin más a la próxima etapa, y a todos los alumnos, independientemente de las clasificaciones anteriores?

“¿Cuál es el primer principio político? La educación. ¿Cuál es el segundo? La educación. ¿Y el tercero? La educación”, Jules Michelet, Le peuple.

Y si no son de España, ¿qué opinan ustedes sobre lo que se debería hacer según criterio y país? Esperamos sus respuestas y comentarios en la página. Sin duda, nos serán de gran ayuda para ir formándonos una idea más adecuada de cómo proceder, en los aún largos días de encierro/semi-encierro por fases que aún nos queda.

Deja un comentario