En Tiempos de Aletheia

Entrevista a Lola Cabrera. Una historia de la Filosofía inclusiva

Lola Cabrera Trigo es licenciada en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, ejerce como profesora de Historia de la Filosofía en un instituto público (IES Leonardo da Vinci de Majadahonda).

 

Su carta de ruta para esta asignatura no está siendo pasada por alto; tiene muchos seguidores, pero también detractores. Ella persiste en su propuesta de poner bajo los focos no solo a los grandes pensadores de tamaña disciplina, sino que con tino y pertinencia, las sitúa también a ellas, a las no reconocidas, a las olvidadas, como parte de la escuadra y el cartabón que traza el mapa, como la brújula que encauza el camino de la deriva del modo cómo la filosofía se ha ido desarrollando y desplegando.

 

Su meta no es hacer una Historia de la Filosofía solo de mujeres, pues omitiría parte de esa Historia, pero tampoco dejar que prosiga como hegemónico el quehacer varonil como único baluarte intelectual de la misma.

 

 

¿Cómo surgió esta labor de investigación y rescate de las figuras femeninas del pensamiento filosófico? ¿Empezó como curiosidad o como sentimiento del deber?

 

Bueno, un poco de todo. Podríamos decir que la curiosidad es el punto de partida de la actitud filosófica (Aristóteles: “Lo que en un principio movió a los hombres a hacer las primeras indagaciones filosóficas fue, como lo es hoy, la admiración”), pero, sin duda, también ha tenido importancia mi contexto laboral. Cuando das clase a adolescentes descubres que la educación es un verdadero pilar del estado social porque desde ahí podemos despertar la curiosidad en las cabezas de lxs alumnxs, abrir sus mentes a un modelo de pensamiento crítico y dispuesto a la transformación de la sociedad. Claro está, para que eso ocurra es necesario que nosotros mismos, lxs profesorxs, también adoptemos una posición abierta a nuevas formas de enseñanza, que se adapten a los tiempos e incluso pretendan cambiarlos.

Sé que puede ser polémico pero yo considero que las personas –y lxs profesorxs estamos dentro de este grupo– no somos imparciales, y no lo somos esencialmente y, por tanto, está en nuestra naturaleza posicionarnos ante la realidad, ante los acontecimientos. Eso no quiere decir que vayamos a considerar nuestra forma de entender las cosas como la única o la mejor y, por tanto, el que tomemos posición no debe influir en nuestra valoración de lxs alumnxs.  En este sentido, yo me siento efectivamente en la obligación de explicarles a mis chicxs que las mujeres, aunque están desaparecidas de los libros de texto, también hemos pensado y lo hemos hecho bien. A partir de ahí, ellxs deberán juzgar críticamente qué argumentos les satisfacen más y cuáles les parecen más débiles, al margen de que quien los esgrima sea hombre, mujer,… Es decir, considero que mi labor docente es ponerles ante un amplio abanico de pensamientos (sin ocultarles los de la mitad de la población), enseñarles a que los sepan entender y valorar críticamente, y finalmente, darles la posibilidad de que ellxs mismxs formulen sus propios pensamientos en libertad.

Bajo estos parámetros decidí embarcarme en la tarea de “buscar pareja” a los ilustres pensadores que la LOMCE propone. Creo que nos han salido unas parejas de baile muy resultonas.

En un primer momento, era un proyecto de consumo propio (apuntes de clase) pero, según lo iba desarrollando, pensé que podía ser útil para otrxs profesorxs y, sobre todo, constaté que el proyecto podría tener más altura si lo abría a la comunidad. De ahí que esté publicado bajo la licencia creative commons y colgado en la red para que cualquiera pueda utilizarlo y, sobre todo, mejorarlo.

 

¿Qué es lo que más te ha sorprendido en esta investigación?

 

No sé si yo hablaría de sorpresa porque me lo temía y, de hecho, fue lo que impulsó el proyecto, pero, desde luego, es sorprendente la escasez de referencias a las pensadoras que hay en los libros de divulgación frente a la cantidad de filósofas que se encuentran en cuanto te tomas el interés de buscarlas. En algunos períodos, ha sido realmente difícil escoger un nombre frente a otros porque todas ellas eran de gran relevancia; esa es la razón por la que aparecen referencias “menores”, con la pretensión de picar la curiosidad del lector y que indague sobre su pensamiento más allá de mis páginas.

Por otra parte, al margen del contenido del libro, sorprenden las diferentes reacciones que ha suscitado. Si bien es cierto que he recibido elogios y agradecimientos y, lo que para mí es más importante, aportaciones al proyecto que ya están incorporadas, también me he visto obligada a explicar que incluir a pensadoras en el currículo de bachillerato en absoluto supone desplazar al elenco de los filósofos. Aunque es cierto que la programación no nos deja mucho margen para añadir más temas, creo que es perfectamente posible compaginar la atosigante preparación de la EvAU con la presentación de modelos de pensamiento complementarios, que enriquecen el estudio de los autores programáticos. De ahí la idea de “hacer emparejamientos” y de ahí el título “En diálogo con…” Como bien dices, en absoluto se trata de una Historia de la Filosofía hecha por mujeres (también he incluido mis propios “apuntes” sobre los filósofos) sino de una Historia del Pensamiento en la que todxs tengan cabida.

Por último, cabe añadir como anécdota que también he tenido que lidiar con un/a exaltado/a anónimo/a que veía en mi proyecto una amenaza al sistema educativo y un ejemplo de cómo los profesores pervertimos las mentes de nuestrxs inocentes alumnxs. En fin, la ventaja de los proyectos libres es que nadie está obligado a seguirlos…

 

¿Por qué crees que pasaron desapercibidas en su momento estas pensadoras?

 

Bueno, lo primero habría que decir que no todas por el mismo motivo puesto que las circunstancias de cada una son diferentes, aunque desde luego existe un denominador común que es fácil de inscribir dentro de la sociedad patriarcal. Es palmario que la Historia de Occidente es una historia escrita por hombres y para hombres en la que la mujer ha tenido un papel secundario, por no decir marginal. Esto es un hecho sencillamente indiscutible. No solo es que a la mujer se la haya preparado siempre para unas labores que nada tenían que ver con el ámbito intelectual y político sino exclusivamente para las cuestiones de orden doméstico o privado (como las cuestiones de fe), además, cuando una mujer ha intentado ocupar esos otros ámbitos se le ha ninguneado, o incluso han tenido que poner su vida en juego. Muchas tuvieron que aceptar una “vocación” religiosa para no verse sometidas a una vida familiar, otras vieron como sus libros no se publicaban, no se leían o simplemente caían en el olvido y ya solo podemos referirnos a ellos por la interpretación que de ellos hicieron sus coetáneos varones. Todavía, hoy en día, tenemos que escuchar que la cabeza de las mujeres está menos preparada para ciertas tareas que, será por casualidad, siempre se corresponden con aquellas que intervienen en las transformaciones sociales; como si el ser humano fuera un “animal político” pero la mujer… no fuera un ser humano.

 

Partiendo del primer punto en que se suele tomar la filosofía como iniciada, esto es, en la Grecia Antigua, con el poema de Parménides, ¿cabría, siguiendo esa línea poética, poner a las sibilas (de las que sin embargo poca constancia quedó) en la misma línea de ese, válgase la redundancia, hablar entre líneas característico de la poesía?

 

A ver, en esta pregunta se cruzan varias cosas importantes. En primer lugar, el Poema de Parménides yo lo alejaría de una visión poética de la filosofía. Más bien, se trata de un poema en el que de una parte podemos rastrear el origen del saber filosófico, entendido este como una aproximación a un modelo de Verdad “bien redonda”, es decir, universal y necesaria, frente a otros saberes como el sofístico, y de otra parte, es un poema político en la medida que con él, Parménides no solo está diciendo cómo hallar la Verdad sino también dónde está prohibido buscarla, es decir, está advirtiendo de la imprudencia que supone llevar a tus hijos –ciudadanos de pleno derecho– a estudiar retórica con unos embaucadores que sostienen que el debate racional entre opiniones es el mejor modo de acercarse a una verdad convencional, contingente, a saber, la verdad democrática.

Y esto es lo importante; esta instancia política es el contexto en el que la filosofía aparece y lo hace en conflicto con otras maneras de pensar. El logos aristocrático, que en la Grecia arcaica quedaba en manos de Zeus, Hermes y las Moiras o los basileus, los aedos y las sibilas, con la aparición de la democracia, se democratiza (valga la redundancia) y cualquiera que sea capaz de esgrimir sus razones (ahora en plural) puede intervenir en la tarea de convenir la verdad. Así, ese logos que se refiere a verdades apofánticas queda reservado al rey filósofo, es decir, a un modelo aristocrático de política, mientras que los logoi sofísticos pugnan en el ágora para prevalecer frente al resto.

En este contexto, surge la filosofía como un pensamiento conservador, en el que también debemos colocar el saber epistémico, es decir, el saber científico. Frente a este modelo –sin duda el que ha tenido más éxito en la configuración de nuestra cultura occidental hasta el momento– podemos rastrear otras formas posibles de entender el conocimiento, mucho más afines a la propuesta contingentista del saber sofístico. Dentro de esta perspectiva, podríamos incluir acercamientos como el que Luce Irigaray hace del origen del pensamiento, y en el que ella encuentra una manera de ensalzar la manera femenina de pensar, más alejada de una racionalidad matemática y más favorable a modelos cualitativos, subjetivos y, a la postre, poéticos. Igualmente, María Zambrano desarrolla su pensamiento desde esta perspectiva.

 

En general, se sabe que una nueva corriente, por ejemplo, pictórica, no la hace un solo y único autor, sino que suele ser algo que está ya en el caldo de cultivo de sus contemporáneos. Pongamos, como ejemplo, Dalí: el surrealismo estaba en la obra de muchos de sus contemporáneos, pero solo se le señalaba a él como inaugurador de dicha corriente. ¿A qué crees que se debe esto? ¿Podrías darnos un ejemplo filosófico en el que se vea esto reflejado a través de las figuras contemporáneas de hombres y mujeres filósofas?

 

Apuntas ahora a otro de los rasgos característicos de nuestra cultura, a saber, el afán clasificador, que tiene mucho que ver con lo que comentaba acerca del posicionamiento racional cuantitativo de nuestra forma de saber. Describimos la naturaleza ordenándola y tendemos a crear escuelas paradigmáticas con referentes que las definan, y, naturalmente, esto es de una gran artificialidad aunque también de una gran eficacia pedagógica. De este modo, al igual que todo aquel pintor/artista que tenga algún rasgo asimilable a Dalí formará parte del grupo Surrealista, solemos tomar como referente del Racionalismo a Descartes, aunque sabemos que otros autores (Spinoza, Leibniz,…) que se les incluye dentro del grupo son tremendamente críticos con ese autor, mientras que otros (Locke, Berkley,…) quedan fuera de “su grupo” porque se les incluyen en “el otro” (empiristas) y sin embrago tienen muchos rasgos perfectamente asumibles por Descartes.

Este modelo, podríamos decir, ilustrado, de entender el devenir del pensamiento funciona porque marca una línea ortodoxa y, de este modo, encauza la configuración política de Occidente, marginando otras formas posibles de pensar y de actuar. De ahí la importancia de mostrar a lxs alumnxs que esta es una forma –la que, entre otras cosas, ha priorizado el pensamiento de los hombres–, pero en ningún caso la única de entender el devenir del pensamiento.

Naturalmente, las pensadoras no se han librado de tales clasificaciones. Por poner un ejemplo, Teresa de Jesús pasó por ser una reformista, cuando precisamente trataba de impulsar el Catolicismo, tan solo por el hecho de hacerlo de una manera distinta a la ortodoxa, es decir, siendo una mujer con iniciativa propia. Se salió de los márgenes establecidos para ese grupo y, por descarte, tuvo que quedar clasificada en el otro.

 

¿En base a qué decides elegir una filósofa u otra cuando hablas de la filosofía de determinado varón de una época concreta? ¿Es porque había diálogo entre ambos o porque las líneas de sus pensamientos miran hacia las mismas problemáticas?

 

Un poco de todo. La línea de trabajo era que hubiera diálogo conceptual entre ellxs. Me explico: aunque no se hubieran conocido, que existieran puntos de encuentro entre sus intereses, normalmente porque, al ser de la misma época, los temas en liza terminan siendo los mismos (es el caso, de Wollstonecraft y Rousseau o de Hildegard Von Bingen y Tomás de Aquino). En algunos casos, además existe un diálogo real entre ellxs (como entre Isabel de Bohemia y Descartes, o entre Lou A. Salomé y Nietzsche). Por último, en algunos emparejamientos he tenido que optar por una cierta proximidad temporal y/o temática por no quedar recuerdo de ninguna pensadora que estuviera exactamente situada en ese momento histórico (es el caso de Hiparquia y Aristóteles o Hypatia y Agustín de Hipona).

Otra cuestión ha sido la selección de los textos (puesto que se trataba de reproducir el modelo de segundo de bachillerato) que, en algunas autoras, era imposible puesto que sus obras se han perdido y he tenido que recurrir a referencias secundarias, claro está, de filósofos (así ocurre con Diótima, Hiparquia o Hypatia).

 

Creo haber entendido que el patriarcado se da como control o rechazo de una otra filosofía de la vida, plural y dinámica, que ya había; estableciendo para ello categorías lógicas inamovibles. De esta manera saca a la mujer de ese poder social de establecer otras categorías abiertas y movibles, categorías vivas que quizá no son tan controlables por medio de la razón lógica. ¿He entendido bien? ¿Podrías ampliarme o matizar esta idea?

 

Esa sería la interpretación de Luce Irigaray, a la que me he referido en la cuarta pregunta. Si yo la he interpretado correctamente, esta pensadora sugiere la diferenciación “biológica” entre una manera de pensar masculina y otra femenina. La primera estaría sometida al dictado de la razón lógica y la segunda a una razón de aceptación de la naturaleza en toda su pluralidad.

Personalmente, no estoy de acuerdo con tal clasificación. Ahora bien, sí considero que existen otras maneras, que aluden a una ontología de la pluralidad frente a una ontología esencialista y cuya línea se puede seguir en “la cara B” de nuestra Historia del Pensamiento, que han sido rechazadas. A lo que se puede añadir que esta “decisión” de elegir este camino frente a los otros posibles se ha tomado en el contexto de una sociedad patriarcal, es decir, ciertos filósofos han decidido el rumbo de la cultura. Sin embargo, creo que no se puede afirmar que todos los pensadores persigan este modelo y, de la misma manera, sería absurdo pensar que todas las filósofas están en contra de esta tradición. De hecho, más bien al contrario, se constata que casi todas las pensadoras han guiado sus pasos por el mismo camino que los hombres de su época: es el caso de Olympe de Gouges o Mary Wollstonecraft, que exigen la incorporación de las ciudadanas en los mismos derechos (no otros) que los ciudadanos.

Nunca sabremos qué tradición de pensamiento tendríamos si las mujeres hubieran tomado las riendas de la cultura, lo que sí podemos afirmar es que si toda la población (y no solo el 50%) hubiera intervenido en la configuración de nuestro modelo de pensar, el resultado habría sido más plural. A partir de “ahora” (esto es, cuando sea efectiva la equiparación nominal y real en derechos de la ciudadanía) podremos analizar la deriva que toma el pensamiento. El Apéndice dedicado a Marina Garcés pretende ser una punta de lanza en esta dirección.

 

Una vez la mujer vuelve a la carga por la conquista de su espacio en lo social, lo político y lo común, de primeras, se encuentra con resistencias. Al principio, con el mundo griego, fue el rechazo de categorías abiertas, y lo último parece que ha sido porque reclama ahora el espacio del margen que no se termina de expresar en el texto académico común, ¿es así? ¿Cuál es ahora la dificultad mayor de esa reclama?

 

En la actualidad, habría que distinguir varios aspectos. Es indudable que en los llamados países occidentales (sería muy extenso hacer un análisis de otras realidades), el papel académico de la mujer ha cambiado sustancialmente; con todo, sigue observándose una grandísima brecha en los puestos más elevados de las instituciones académicas respecto de los hombres. Dicho de otra manera, aunque por derecho el acceso a los puestos es el mismo, de hecho, la realidad se muestra terca en mostrarse equitativa.

Por otra parte, sigue sin darse voz a las filósofas que en el pasado aportaron su conocimiento a la cultura del momento, dando con ello una sensación de que no hay un pasado que continuar. Y, por supuesto, lo mismo pasa en cualquiera de las otras áreas de la cultura.

Con todo, durante los últimos años, cada vez son más las mujeres que lograr atravesar todos los techos de cristal y poner voz a aquellas otras que no han logrado superar todas las trabas impuestas por una sociedad que sigue manteniendo muchas trazas de patriarcado. Marina Garcés es un buen ejemplo en España.

Empezar a introducir en los programas educativos (al menos en los de la educación pública) referencias a mujeres tanto del pasado como actuales en todas las áreas de conocimiento creo que sería un gran paso para normalizar entre lxs ciudadanxs más jóvenes la necesaria presencia del 100% de la población en la configuración política.

  

 

¿Crees que en estos detractores que dicen que tu programa no es un programa de Historia de la Filosofía, lo que hay es un miedo a que ya no valga solo lo aprendido sino que haya que modificar y ampliar el temario de dicha materia, con el consecuente reciclado que eso conllevaría para todos los profesionales del campo?

 

¿Quién sabe? Supongo que se une ese miedo al que te refieres a tener que volver a revisar lo aprendido para poder ampliar sus enseñanzas, con el miedo a perder cuota de poder. Nuestra cultura nos ha educado siempre –como decíamos antes– en un modelo jerarquizado y muy categorizado. Cuando la realidad se impone señalando que las cosas no siempre encajan como esperabas en el archivador que has prediseñado, te echas a temblar; especialmente si en esa clasificación te tocaba estar en el lado del poder.

En cualquier caso, son los menos. La mayor parte de la gente que ha respondido lo ha hecho con agradecimiento porque tenía la misma sensación de vacío que yo observaba pero nunca daban el paso de corregirla. Naturalmente, entre la gente que no ha respondido, seguro que hay quien en absoluto, sea por pereza sea por convicción, incluiría a las filósofas en el temario de 2º de bachillerato. Por mi parte, estoy convencida de que antes o después las pensadoras irán siendo introducidas por el propio ministerio/consejerías; está en el ambiente social y la ley terminará recogiendo este sentir generalizado.

 

Y para terminar con un tema filosófico también, pero de corte más genérico, ¿podrías decirnos de qué manera crees que la Filosofía se hace necesaria en la educación básica?

 

En realidad la pregunta sería ¿cómo no va a ser necesaria? La filosofía es la herramienta que nuestra cultura ha destilado para dotar al individuo de un pensamiento crítico ante la realidad. Desde mi punto de vista, solo la filosofía (entendida de una manera muy general, como pensamiento) es capaz de aglutinar una observación de todas y cada una de las cuestiones que afectan al ser humano: “nada humano nos es ajeno”.

Así entendida, la asignatura Filosofía es imprescindible para que lxs alumnxs activen la competencia de pensamiento crítico de la que habla la ley y, desde ella, poder poner en cuestión todas las otras materias del currículo. Por eso es tan indignante cuando la ley reduce la asignatura a la rama de humanidades…como si la filosofía no hubiera nacido de la mano del conocimiento epistémico.

Otra cuestión es cómo debe ser tratada, en qué cursos y con qué contenido. Sobre eso, habría mucho que discutir puesto que cierta abstracción conceptual propia de la filosofía resulta muy ardua a edades muy tempranas.

En mi experiencia docente –y va para 15 años–, lxs alumnxs llegan con miedo a lo desconocido el primer día de clase y salen con sensación de haber cambiado completamente su manera de observar la realidad, con sensación de que lo que tienen delante aparece ante sus ojos con un gran signo de interrogación al que ellxs pueden tratar de dar una respuesta tan buena como la de cualquier sabio. Y eso les pasa de igual modo a ellos que a ellas.

 

A continuación, les llamamos a descubrir los materiales que Lola está reuniendo para esta nueva maravillosa asignatura de Historia de la Filosofía global, esta vez, sí, inclusiva:

 

https://drive.google.com/drive/folders/1k2cqfGO-l7a3bhaqjdVcDkNltAShN2WX?usp=sharing

 

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