En Tiempos de Aletheia

VACACIONES EN SUIZA

No quiero ser uno de esos sesudos e irrefutables analistas que desde un lado u otro del río analizan la realidad española, pues las dos palabras que acabo de juntar, no sé a ciencia cierta qué son, ni la realidad ni España son cuestiones sobre las que me atreva a teorizar demasiado, pero sí me atrevo a decir que como espectáculo España es insuperable.

No sé si ustedes han estado alguna vez en medio de una traca valenciana, se han aproximado, aunque sea teóricamente a los San Fermines, las Fallas o el carnaval de Indianos o al de Laza, en Orense. No sé si se han dejado llevar por los cirios, flores, santos atormentados y tambores de una procesión de Semana Santa o por la bárbara electricidad de una corrida de toros.

Este país de pecadores arrepentidos, de culpables sin causa, de moralistas impenitentes de ambos lados del espectro político, siempre dispuestos al auto de fe, a la condena o al escarnio nunca deja de sorprendernos, y me temo que a los turistas que cada año rompen récords tampoco.

A todos fascina nuestra mezcla de odio y compasión, nuestra capacidad de autoflagelación, nuestro empeño en llegar al borde del barranco de nuestro suicidio como nación, de hacer equilibrios en el alambre del drama y del esperpento, de alimentar, día a día, desde dentro, tal vez desde nuestro sentimiento trágico de la vida, la Leyenda negra.

Humanistas, golpistas, estoicos, inquisidores, poetas, guerracivilistas, místicos, mártires, héroes y asesinos han creado este espectáculo, este sublime monstruo.

¿Qué tal unas vacaciones en Suiza?

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