En Tiempos de Aletheia

Breve estudio crítico sobre la traducción de los poemas “Galope muerto”, de Pablo Neruda y “La parábola de los ciegos”, de William Carlos Williams (Parte 2)

Por su parte, Walter Benjamin, en su texto “La tarea del traductor”, parte de la premisa de que las traducciones, en general, no se preocupan del destinatario de éstas ni de los lectores de ellas que no dominan el idioma del texto original, lo que evidencia, de entrada, una diferente jerarquía del texto original por sobre el texto de la traducción. Además, muchas traducciones son malas, en concepto de Benjamin, por el hecho de que adoptan una función comunicativa que ni siquiera el texto original tiene, además de no ser lo más relevante. Y muchas otras traducciones, también malas en opinión del referido pensador alemán, son descartables porque se dedican a hacer transmisiones inexactas de contenidos inesenciales.

Para Walter Benjamin, toda traducción es, ante todo, una forma. Existe, entre los idiomas, una íntima relación que los vincula y la traducción permite ponerla de relieve; y este vínculo que existe entre las lenguas es el que trae consigo una convergencia particular, pues se funda en el hecho de que las lenguas no son extrañas entre sí sino a priori y, prescindiendo de todas las relaciones históricas, mantienen cierta semejanza en la forma de decir lo que se proponen.

Lo anterior, sin embargo, afirma Benjamin, no significa que en toda traducción deba transmitirse con la mayor exactitud posible la forma y el sentido del original. Para captar la verdadera relación entre el original y la traducción hay que partir del supuesto de que la obra literaria es algo vivo que, como tal, está sometido a permanentes transformaciones, tanto su tono como su significación se modifican por completo con el paso de los siglos, del mismo modo en que evoluciona la lengua materna del traductor. Así, en la traducción se hace patente el parentesco entre los idiomas y no guarda relación alguna con la vaga semejanza que existe entre la copia y el original, pues parentesco no significa forzosamente semejanza. Dicho parentesco se funda en que las lenguas son todas incompletas y solo pueden arribar al lenguaje puro en correlación de complementariedad recíproca entre las intenciones –entendidas éstas como los propósitos de cada una de las lenguas de llegar al lenguaje puro– de todas las lenguas, fenómeno que Benjamin postula como una ley fundamental de la filosofía del lenguaje, en la cual resulta fundamental distinguir entre lo entendido y el modo de entender, entre el significado y el modo de significar, que Benjamin ejemplifica con las palabras brot, del alemán y pain, del francés, en las cuales lo entendido es sin duda idéntico pero el modo de entenderlo no lo es, pues en el  alemán brot, que significa pan, tiene un modo de significar que se asocia a la particular rot, que corresponde en alemán a “rojo” –lo que también ocurre en el inglés, pues bread, se asemeja a red, “rojo”–,  no así en el francés, donde pain, escapa a esa manera de significar, sin escapar al significado. Y, solo por la forma de pensar, estas palabras constituyen algo completamente distinto para un alemán y para un francés, aunque en su intención, tomadas en su sentido absoluto, sean idénticas, signifiquen lo mismo; de manera que la forma de entender estos dos vocablos es contradictoria, pero se complementa en las dos lenguas de las que proceden y se complemente en ellas la forma de pensar en relación con lo pensado.

Por lo anterior, Benjamin define “traducción” como el procedimiento transitorio y provisional para interpretar lo que tiene de singular cada lengua. La función del traductor consiste en encontrar en la lengua a la que se traduce una actitud que pueda despertar en dicha lengua un eco del original, característica de la traducción que marca su completa divergencia respecto de la obra literaria, porque su actitud nunca pasa al lenguaje como tal, o sea a su totalidad, sino que se dirige solo de manera inmediata a determinadas relaciones lingüísticas. Para Benjamin la tarea de la traducción debe estar inspirada por la integración de las muchas lenguas en una sola lengua verdadera. La traducción literal, palabra por palabra, en lo que atañe a la sintaxis, impide por completo la reproducción del sentido y amenaza con desembocar directamente en la incomprensión. La fidelidad, atributo supremo de las antiguas teorías de la traducción y, en particular, la fidelidad de cada palabra aislada casi nunca puede reflejar por completo el sentido que tiene el original, ya que la significación literaria de este sentido en relación con el original, no se encuentra en lo pensado, sino que es adquirida en la misma proporción en que lo pensado se halla vinculado con la manera de pensar en la palabra determinada, hecho que se expresa mediante la fórmula que declara que las palabras encierran un tono sentimental. Benjamin sostiene solo en apariencia la libertad del traductor sería la vía adecuada al encuentro de la manera de significar, pues al darse una interpretación más profunda a la fidelidad como medio fundamental para la trasposición de la sintaxis –para el referido pensador es la palabra y no la frase el elemento primordial del traductor–, la libertad perdería en la operación de traducción todos sus derechos, pues solo se refiere a la reproducción del sentido, pero los recuperaría siempre y cuando sea entendida no como mera licencia para reproducir el sentido, del mensaje, sino como una libertad que se hace patente en el idioma propio, siendo la misión y tarea del traductor rescatar el lenguaje puro confinado en el idioma extranjero, para el idioma propio y liberar el lenguaje preso en la obra al nacer la adaptación.

En síntesis, el sentido, para Benjamin, está lejos de ser la palanca para una traducción perfecta y, cuanto más elevada sea la categoría de una obra tanto más conservará el contacto fugitivo con su propio sentido y más asequible será a la traducción. Sin la mediación del sentido, un texto es perfectamente traducible.

En base a los conceptos que cada uno de estos autores ha aportado a los estudios de traducción, abordaré un ejercicio de aplicación de algunos de los conceptos revisados en los textos “Literatura comparada y traducción”, de Susan Bassnett; “Tradición y Traducción”, de Ricardo Piglia; “Traducción: literatura y literalidad”, de Octavio Paz; y “La tarea del traductor”, de Walter Benjamin, en el cual intentaré abordar el tópico de la traducción específicamente en el ámbito de la poesía observables en la traducción de algunos fragmentos de dos importantes textos poéticos, el poema “Galope muerto”, de la Primera Residencia en la Tierra de Pablo Neruda, inserta en la edición norteamericana, bilingüe, denominada The Poetry of Pablo Neruda, traducción realizada desde el español al inglés por el traductor John Felstiner; y, en segundo lugar, a la traducción efectuada desde el inglés al español por Juan Antonio Montiel respecto del poema “La parábola de los ciegos”, del libro Poesía Reunida de William Carlos Williams.

En este breve análisis crítico se trata de emplear la traducción de parte de estos textos poéticos para indagar la manera en que aparecen en ellos algunos de los conceptos revisados, como la posibilidad de la traducción poética; la manera en que esta resulta más adecuada y las finalidades que debe perseguir. En ambos textos se cuenta con traducciones oficiales, además de ello, “Galope Muerto” está ampliamente comentado y, con respecto al poema de Williams, versa sobre un cuadro de Peter Brueghel “el Viejo”, accesible a través de la red.

Con el propósito de introducir el contexto poético, en armonía con los postulados teóricos de los textos revisados que precisamente destacan en el proceso de traducción los niveles históricos y culturales, recurriré a algunos fundamentos contenidos en textos de análisis literario, sin que por ello se pretenda reconducir este breve ensayo al análisis poético o estético.

El objetivo del presente estudio es, por tanto, crítico, y busca determinar si a partir de las dos traducciones poéticas examinadas puede afirmarse que es posible la traducción en materia poética, la forma de hacerla y sus fines.

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