En Tiempos de Aletheia

“Crítica de Gayatri Chakravorty Spivak a la reproducción consciente o inconsciente del paradigma colonial ”

Aunque hoy en día es una autora ampliamente reconocida y citada por académicos pertenecientes a una variedad de disciplinas, no está demás hacer una breve presentación de Gayatri Spivak, como una destacada académica y activista política femenina de origen bengalí, que se desempeña actualmente como catedrática en la Universidad de Columbia, Estados Unidos, y cuya característica más marcada es su “proclividad a traspasar las barreras disciplinarias”, según palabras de Santiago Giraldo, quien redactó la introducción del famoso ensayo de Spivak “Puede hablar el subalterno”, de 1985, texto al cual dedicaremos este breve artículo.

De partida, en “Puede hablar el subalterno”, se llama la atención sobre  al silenciamiento estructural del subalterno dentro de la narrativa histórica capitalista. Esto dice relación con  que su habla no adquiere estatus dialógico pues el subalterno, según la premisa del texto citado, no es un sujeto que ocupe una posición discursiva desde la que puede hablar o responder, siendo, según Spivak, “el espacio en blanco entre las palabras”.

Por otro lado, en su ensayo, Spivak critica y elogia al mismo tiempo al proyecto del Grupo de Estudios Subalternos de la India (1981), el que surge en respuesta a lo que ellos consideran como la preponderancia de una historiografía nacionalista en la que las luchas de los pobres y desposeídos son vistas como una extensión de la agenda propuesta por la elite nacionalista y subordinadas a una propuesta nacional específica que surge a partir de Gandhi.

En este sentido adoptan el concepto de “subalterno” propuesto por Antonio Gramsci, en sus Cuadernos de la cárcel, en cuanto sujeto histórico que responde a las categorías de género y etnicidad, a las cuales el mencionado Grupo agrega las visiones postmodernas y posestructuralistas, considerándolo, a concepto de subalterno, como poseedor de una autonomía y capacidad de respuesta opositora autónoma frente al movimiento nacionalista, en otras palabras, con agenciamiento propio para subvertir el orden nacionalista.

Así, lo que hace Spivak con la idea de subalterno propuesta por el referido Grupo de Estudios Subalternos, muy de la mano de Derrida, es deconstruirlo, en el sentido de desestabilizar la propuesta de dicho Grupo, en la medida que atribuye al subalterno un carácter demasiado específico, a la vez fijo y unitario, asociado a una identidad y una subjetividad inamovibles, propia de aquellos grupos oprimidos y sin voz, como lo son el proletariado, las mujeres, los campesinos y aquellos que pertenecen a grupos tribales.

Por el contrario, Spivak, alejándose críticamente de la posición del mencionado Grupo de Estudios, abre la categoría de subalterno como noción monolítica, entendiéndola como algo más permeable, abarcador e inclusivo y no limitado a los oprimidos, pobres o desposesídos, incluyendo otras más amplias.

Por otro lado, siguiendo también a este respecto la línea explicativa del texto de Spivak que nos proporciona Santiago Giraldo, cabe señalar que Spivak crítica al trabajo de los intelectuales poscoloniales por el hecho de que, en los hechos, replican los esquemas de dominación política, económica y cultural neo-coloniales, entendiendo por “poscolonial” dos órdenes de ideas: en primer lugar, una época histórica que comienza con la “descolonización” de la India en 1947, y aún no termina; y, en segundo lugar, una orientación crítica hacia el pasado -según cita que hace Santiago Giraldo de los autores Bhabha y Comaroff. Pues bien, Spivak resalta los peligros del trabajo intelectual que actúa, consciente o inconscientemente, a favor de la dominación del subalterno.

De manera que resulta tan relevante como interesante constatar como, según fluye del texto de Spivak que comentamos, la crítica que ella hace va más allá de la forma de definir un concepto como lo es la subalternidad y, por otro lado, va más allá de un cuestionamiento al enfoque teórico que pudo haber tenido una entidad, el Grupo de Estudios Subalternos de la India, sino que, y estriba allí el altísimo interés que representa el pensamiento de Spivak sobre estos tópicos, lo que está haciendo la autora bengalí es un llamado dirigido a un espectro mucho mayor, pues su crítica alcanza, además de intelectuales poscoloniales,  también a los intelectuales y académicos en general, al resaltar los peligros del trabajo intelectual que opera a favor de la dominación del subalterno, manteniéndolo en silencio y sin brindarle un espacio o una posición desde la que pueda hablar.

Spivak sostiene, en esa línea, que el intelectual no debe hablar por el subalterno, ya que con ello no hace más que reforzar su “subalternidad” y, en consecuencia, la opresión sobre los grupos a que corresponde aplicar esta categoría que, como señalamos anteriormente, es más amplia que los oprimidos, proletariado, las mujeres, los campesinos y  grupos tribales.

Ahora bien, por nuestra parte consideramos que lo más importante al abordar el texto de Spivak es tener presente el carácter de metacrítica del mismo, en el sentido que Spivak apunta no a criticar la forma en que Occidente trata al todo lo que está fuera de su centro y que, desde ese punto de vista, integra la periferia como categoría cultural, sino que, además, establece una posición crítica de la propia crítica que hasta ahora ha efectuado Occidente, manifestada en un conjunto variado de desarrollos teóricos pero que, como rasgo común característico, en muchas ocasiones replican el paradigma colonial, si no como realidad geoplítica actual, como colonización de la subjetividad.

Así, el centro de esta clase de crítica es dirigida por Spivak hacia los esfuerzos de Occidente de problematizar al sujeto hacia la pregunta de cómo es representado en el discurso occidental el sujeto del tercer mundo, proceso que a su juicio, no ha sido eficaz.

Lo recién expuesto se desprende del propio texto de Spivak que, en la primera parte, esboza una suerte de introducción que ilustra la forma de abordar el ensayo, al indicarnos, por ejemplo,  que en el texto la autora sugerirá que un descentramiento aún más radical del sujeto está implícito en Marx y Derrida y, además, que sostendrá el argumento de la complicidad de la producción intelectual occidental con respecto a los intereses económicos internacionales occidentales, agregando que, al final del texto, ofrecerá un análisis alternativo de las relaciones entre los discursos de Occidente y la posibilidad de hablar de (o por), específicamente, el caso de la mujer subalterna.

Conforme con lo recién expuesto, podemos afirmar que el ensayo de Spivak está enmarcado en el análisis del problema de la relación de la persona individual o sujeto, y la dominación, especialmente en lo que tiene que ver con la conciencia, la subjetividad, la intencionalidad y la identidad que emergen de esta relación, resaltando cómo la idea del individuo –usualmente masculino– y dotado de libre albedrío es una construcción ideológica que responde a una situación cultural, política, histórica y social específica que no es aplicable en todos los tiempos, todas las sociedades y todos los lugares.

Spivak, por otra parte, en su ensayo ¿Puede hablar el subalterno?, al elaborar su crítica – o metacrítica por el hecho de cuestionar la crítica de Occidente -,  se ocupa, además de la categoría de subalternidad, y como medio de construir un tinglado coherente y bien articulado, de diversos otros conceptos. De hecho, considero que una de las características que saltan a la vista del texto, es su complejidad, en el sentido de encontrarse compuesto por un conjunto de nociones que, adecuadamente ensambladas, contribuyen a armonizar el texto, dotándolo, en nuestra opinión, de gran contundencia y evidente autonomía. Así, algunos de los conceptos que contiene, corresponden a deseo, ideología, violencia epistémica – ejercida por el imperialismo contra la mujer- diferencia, otredad, sujeto subalterno sexuado y, especialmente, los conceptos de representación en contraste con el de re-presentación, respecto de los cuales emplea buena parte de su texto en los desarrollos teóricos de Marx.

La posición crítica de Spivak supone que aunque la historia de Europa como sujeto es narrativizada institucionalmente, sea por la economía política o la ideología de Occidente, este Sujeto encubierto pretende “no tener determinaciones geopolíticas”. Y así, la muy publicitada crítica del sujeto soberano inaugura en efecto un Sujeto. Spivak argumenta esta conclusión considerando el texto  “Intelectuales y poder: conversación entre Foucault y Deleuze, que ella elige porque deshace la oposición entre producción teórica autoritaria y la práctica desprevenida de la conversación, permitiendo vislumbrar el rumbo de la ideología.

Además, Spivak señala que remite a dicho texto por el hecho de que tanto Foucault como Deleuze enfatizan las contribuciones más importantes de la teoría posestructuralista francesa: primero, que las redes de poder, deseo e interés son heterogéneas y, segundo, que los intelectuales deben tratar de dejar al descubierto y conocer el discurso del Otro de la sociedad. No obstante, Spivak  critica a ambos pues, en su concepto, los dos ignoran sistemáticamente la cuestión de la ideología y  su propia implicación en la historia intelectual y económica.

Spivak se muestra, en cambio, más proclive a alinearse con Derrida, pues en su concepto el filósofo argelino  destaca el peligro de apropiarse del otro por asimilación, pues reclama una reescritura del utópico impulso estructural como “reproducir delirante de esa voz interior que es la voz del otro en nosotros”, reconociéndole una utilidad a largo plazo a Derrida que no se las concede a Foucault y a Deleuze.

Concluye la autora bangalí afirmando que “El subalterno no puede hablar, y que no hay virtud en las listas globales de lavandería con “mujer” como un artículo piadoso. La representación no se ha marchitado. La intelectual femenina como intelectual tiene una tarea circunscrita que no debe rechazar con una rúbrica”.

De esta manera, estimamos que la pregunta de Spivak contenida en “¿Puede hablar el subalterno?” sigue teniendo vigencia, por lo que puede decirse que es un clásico dentro de los estudios sociales contemporáneos.