En Tiempos de Aletheia

La relación de pareja que quiero

El título de este artículo es el nombre de uno de los ejercicios que hago durante la terapia para reflexionar sobre las relaciones sentimentales y de pareja. Pensar en aquello que queremos, sin entrar a plantear si es o no posible o cómo llevarlo a cabo permite identificar objetivos y deseos para más adelante actuar.

Se trata de poder diseñar la relación “ideal”, la que querríamos independientemente de lo que hayamos experimentado antes o la relación que tengamos en el presente. Es frecuente, que aun habiendo tenido parejas o manteniendo una relación no hayamos parado a pensar en lo que queremos, lo que deseamos, nos gusta y necesitamos de una pareja. Reflexionando acerca de éstas preguntas y obteniendo respuestas se hace más sencillo establecer una relación de pareja “sana”, en la que poder expresar las propias necesidades, comprender las del otro, aceptar y poner límites cuando sea necesario.

Existen multitud de teorías y explicaciones psicológicas acerca de una relación de pareja saludable y su adecuado funcionamiento. Desde mi conocimiento y experiencia como psicóloga, existen cinco puntos clave para mantener una sana relación de pareja:

– Comunicación

– Sentido del humor

– Compañerismo

– Proyecto común

– Sexo

En las líneas siguientes, detallo cada uno de ellos a través de parte del trabajo llevado a cabo por una de mis pacientes (a la que me referiré como A) pensado, haciéndose preguntas y respondiendo sobre “La relación que quiero”. En su reflexión ha plasmado perfectamente aquellos aspectos de la relación que tienen que ver con esos cinco puntos básicos para que la pareja funcione.

En el momento de trabajar sobre este área en la terapia, A se encontraba en una relación de pareja sobre la que tenía dudas, especialmente, en cuanto al compromiso y la posibilidad de un futuro juntos. Tras varias conversaciones con su pareja, no parecían llegar a acuerdos y A sentía gran dificultad para expresar sus propias necesidades y tomar una decisión sobre la relación. Por ello, durante varias sesiones, trabajamos diseñando la relación que ella querría tener, tratando de separar la relación actual de la ideal, para después identificar qué estaba de su mano hacer, aceptar o cambiar.

La relación de pareja que quiero

¿Cómo es la comunicación entre vosotros, en tu relación ideal?

“La comunicación es tanto física como verbal. Cuando es verbal es relajada y escuchamos con el corazón. Preparamos momentos para hablar con mucho cariño, pero también podemos hablar de cosas espontáneamente. Cuando expreso una necesidad o un miedo me siento entendida y siento que mis emociones no son juzgadas o infravaloradas. Puedo entender a mi pareja y empatizar para no sentirme mal si no siempre cumplo sus expectativas.”

¿De qué cosas habláis?

“Es importante que mi pareja pueda hablar de cosas no prácticas, como conceptos, ideas, arte, filosofía y que alimentemos nuestra curiosidad. También es importante que podamos hablar de planes de futuro, soñar juntos. Idealmente, también podemos hablar de cosas vulnerables, miedos, necesidades, experiencias delicadas y también de sexo abiertamente.”

La comunicación en la pareja es el pilar fundamental de la relación. Más allá de hablar en el día a día sobre temas superficiales o “poco profundos”, es imprescindible poder comunicar lo que sientes, lo que necesitas, lo que te molesta… Solo así podemos entendernos con el otro y conectar realmente.

¿Cómo te hace sentir esa pareja?

“Me hace sentir segura, tranquila, estable. Me hace sentir deseadora y deseada, cómoda para bromear y ser espontánea o para decir algo que sé que puede doler un poco (sin mala intención). Me hace sentirme admirada y yo admiro a esa persona, me hace sentirme valorada por mis cosas buenas y acompañada en mi búsqueda para cambiar mis partes más débiles. Me hace sentir que puedo presentarle a mis amigos y familia con orgullo y entusiasmo. No tengo que esconder mi amor por esa persona y mis amigos y familia piensan que nos hacemos bien y hacemos buena pareja.”

El compañerismo en la pareja tiene que ver con poder contar con la otra persona, que acompañe, sostenga y exista total libertad para ser como quieras ser. “La pareja está para hacer la vida más sencilla, si la complica algo pasa.”

¿Existe un futuro?

“Siento que puedo soñar y construir una visión de futuro y no tengo que sentirme insegura por estar ‘demasiado’ enamorada o dispuesta a construir algo juntos”.

Es importante, para mantener la relación, compartir y crear algo juntos en el presente y en el futuro (experiencias, hijos, negocio, hobbies, estudios, planes…). No se trata de atarse o engancharse a la relación de una manera dependiente, sino de compartir y construir para unir y fortalecer la relación.

¿Hay alguna discusión, por qué motivo?

“Sí, hay discusiones porque hay situaciones nuevas y siempre estamos creciendo. Las discusiones son porque tenemos que expresar nuestros límites y necesidades y estos van cambiando a lo largo del tiempo. Yo ahora no necesito lo que necesitaré cuando sea madre. Las discusiones son sobre igualdad, repartición de responsabilidades, límites de cada uno… Emociones como dolor, amor, miedos también las tratamos, aunque de una forma más suave y menos crítica, con cierto sentido del humor.”

Es importante expresar comunicar y también poder reírse con la pareja (y de ella en el mejor de los sentidos), pasarlo bien juntos. Con humor se puede suavizar cualquier roce y tensión.

¿Cómo son vuestras relaciones sexuales? ¿Con qué frecuencia tenéis sexo?

“Siento que podemos explorar mi placer y que no tengo que ‘luchar’ por ello, pero simplemente iniciar el espacio para poder hacerlo. Nuestras relaciones son con tiempo, a veces elegido y a veces espontáneo. Son con conciencia y respeto y curiosidad. Tenemos sexo 1-3 veces por semana en épocas más ‘alegres’, pero no nos forzamos si hay épocas menos sexuales (una vez cada dos semanas). Solo intentamos avivar el deseo propio y el del otro.”

Es importante dedicar tiempo a las relaciones sexuales de la pareja. El sexo une, en su expresión más amplia, desde la espiritualidad al contacto físico, las caricias, posturas…, con libertad de expresar lo que apetece y las preferencias de cada uno. “El amor, como todo, requiere práctica y acción.”

Tras diseñar la relación de pareja que A querría, trabajamos sobre su relación actual, reflexionando sobre lo que le gusta, lo que le duele y aquello que puede aceptar y lo que no.

¿Qué te gusta y te agrada de tu relación?

“Me gusta que él escucha mis palabras (con sus oídos) y no es NUNCA violento ni alza la voz. Me gusta que es muy afectivo y cariñoso físicamente y también es detallista, me hace pequeñas sorpresas y sus regalos son manualidades muy personalizadas. Me gusta que me da la sensación de que con él puedo ‘cagarla’ en el sentido de que, aunque no lo haga, sé que no me dejaría si le pongo los cuernos o si un día le digo algo brusco, o si no me voy de vacaciones con él. Me gusta que respeta mi independencia y me apoya para que vea a mis amigos y familia. Se alegra por mi cuando estoy alegre y no tiene malas intenciones conmigo. Me gusta que, en el sexo, me siento cómoda para decir lo que me gusta (normalmente, cuando la relación va bien). Me gusta que está abierto a experimentar conmigo en el terreno sexual. Nos admiramos por nuestra creatividad, espontaneidad y él me admira por mi vulnerabilidad. No me siento juzgada.”

Es frecuente que, al trabajar sobre los conflictos de la pareja, “olvidemos” aquello que nos aporta la otra persona y la relación. Es importante dar valor a lo que suma y une en la relación también en los momentos de duda y las épocas más críticas de la pareja.

¿Qué te duele?

“Me duele que en momentos muy críticos no esté ahí (no sé si porque no quiere o puede o porque no le dejo). Me duele que no sea claro en si quiere o no un proyecto de vida conmigo y de qué manera le apetece contribuir a ello. Me duele que sea pasivo cuando tenemos un problema. Me duele que alguna vez me haya mentido y que no le crea totalmente. Me duele que yo esté intranquila porque no sepa si un día le voy a perder, se va a ir con otra, va a desaparecer, me va a decir que ya no quiere algo conmigo. Me duele que estemos desde hace rato en un intermedio entre ser solo amantes y tener una relación seria y no tomemos una decisión y una acción para definir lo que queremos.”

¿Qué puedes aceptar? ¿Hasta dónde quieres dar? ¿Qué no puedes aceptar?

“Puedo aceptar tener que cambiar mi forma de comunicarme para hacerle entender que le necesito en un momento determinado, pero no puedo aceptar que lo entienda y no está ahí cuando le necesito.

Puedo aceptar que tarde más en aclararse y no tenga el mismo ritmo de acción que yo, pero no puedo aceptar que eso se convierta en un arma de manipulación hacia mí.

Puedo aceptar que su primera reacción ante el estrés sea escaparse, siempre y cuando me diga claramente cuándo va a volver y afrontemos juntos los problemas.

Puedo aceptar perdonarle por las veces que me ha mentido y darle otra oportunidad para confiar en él. También puedo aceptar que sea más diplomático con sus palabras y no tan directo como yo, o que necesite un cierto ambiente para mostrarse vulnerable (él también es responsable de construir ese ambiente). Pero no puedo aceptar que me vuelva a mentir como forma de manipularme.

Puedo aceptar que sea un ligón (siempre y cuando yo también pueda serlo) siempre que respete nuestros acuerdos. No puedo aceptar que rompa nuestros acuerdos, al menos no frecuentemente.

No puedo aceptar que no me diga si quiere algo serio conmigo o no, y no puedo aceptar que, a veces, me trate como si yo no tuviera derecho a preguntarle por cosas de nuestro futuro juntos. Puedo intentar ser más flexible conmigo y con los demás en ciertas cosas que me hacen más feliz. Por ejemplo, puedo ser flexible en el cómo y en el cuándo responder a algunas de mis necesidades siempre y cuando sepa que estoy o está trabajando en ello a pequeños pasos.

No puedo aceptar que use sus cambios de opinión o que me pida siempre más tiempo para tomar una decisión sobre el futuro de la relación como forma de prolongar un estado de falta de responsabilidad para él. No puedo aceptar que no contribuya a crear un espacio y le dé tiempo para que esta relación exista y que lo hagamos de forma equitativa.”

Todo aquello que identificamos como “inaceptable” requiere atención, es importante poder expresarlo, poner límites y llegar a acuerdos. Esto permite que las dos partes tengan un papel activo en la relación y que esta no se convierta en algo destructivo, en una relación en la que uno “cede” y se desgasta.

¿Qué está en tu mano, cambiar, plantear, … otra actitud, comunicar de otra manera..?

“Puedo ser menos juzgona, dejarle hablar más a menudo y no esperar que sea claro de inmediato. Puedo escuchar más a menudo con el corazón y ser más flexible con él en ciertas pequeñas cosas (como, por ejemplo ,los horarios, fechas límite y cantidad de cosas que le pido al mismo tiempo). Puedo intentar no enfadarme con él cuando con sus acciones me recuerda las cosas que yo no me permito (como ser vaga, ser poco concreta con mis palabras, llegar tarde, cambiar el plan) siempre y cuando esto nos sea una forma de sistemáticamente tratar de obviar mis necesidades y siempre hacer lo que él quiere. Puedo intentar ayudarle a lidiar con su claridad y concretizar cosas (por ejemplo, si le ayuda podemos comunicarnos a veces por escrito). Puedo hacerme responsable de mi propia ansiedad y comunicarme más calmadamente (en algunas ocasiones), puedo activamente dejar que coja más responsabilidades y darle tiempo a que las cumpla.”

 

Todo este trabajo ha permitido a A conocer QUÉ quiere de su pareja y de la relación, expresar y pactar con él nuevos límites y cambios, llegar a acuerdos y poder tomar decisiones. Reflexionar sobre la relación y la parte que es responsabilidad de uno mismo en la pareja, hace que nos conozcamos y podamos decidir y, sin duda, permite que la relación funcione, que cada una de las partes esté colocada y la pareja sea constructiva y facilitadora.

*Gracias a A. por su trabajo durante las sesiones y por querer compartirlo a través de este artículo.