En Tiempos de Aletheia

EDITORIAL: LA EMPATÍA, ESE LUGAR DESCONOCIDO

La empatía es un lugar al que no acudimos con la frecuencia y con la disponibilidad correspondientes. Es un lugar desconocido, poco habitado, pero muy transitado.

Por lo general, acudimos a la empatía por propio egoísmo involuntario, por la necesidad de sentirnos y creernos empáticos, pero en la mayor parte de las situaciones desoímos practicar la empatía en su correcta forma. A lo sumo, un sucedáneo de la empatía. Solemos escuchar de manera afectiva, gestual, y probablemente emocional, la realidad o la situación de otros, pero en la mayoría de los casos ha sido un superficial tránsito, un encuentro de paso. Nada de quedarse demasiado. Ninguna realidad nos afecta tanto como la nuestra.

Pero la empatía no solo está condicionada por la superficialidad con la que acudimos a ella, también lo está por la manera en que llegamos a ella, cargados con todos nuestros prejuicios y nuestras verdades. Asaltamos con nuestra empatía la situación de otros bajo los márgenes de las certezas que nos esclavizan, y entonces, y ahí, la empatía llega condicionada. Para alcanzar la capacidad de percibir la situación del otro, las emociones o sentimientos, es necesario vaciar el cuenco propio que vamos a llenar con la realidad del otro. Es difícil llenar cuencos llenos; por lo general se desbordan.

La sociedad, con su velocidad desmedida, no da pie a integrarse en una empatía sustancial; la coarta, la reduce a su mínima expresión. Interpreta valores de empatía que se adaptan como válidos, y en realidad, solo son míseras migajas.

 

 

 

 

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