En Tiempos de Aletheia

EDITORIAL: EL CARNAVAL DE SAN VALENTÍN

Nunca dos ideas contrapuestas, nacidas en bandos diferentes, obviaron su origen y se acercaron a ser parte una de la otra, a concebir la necesidad del otro para satisfacer su propia necesidad.

El origen de la idea de San Valentín parte de la intención de los católicos de fomentar la afectividad y el amor, en contraposición a las bacanales romanas. Y en los orígenes de la idea o de la raíz del Carnaval, de esa permisividad y descontrol, están las fiestas paganas, y entre ellas, las que realizaban los romanos en honor al dios Baco, el dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas.

Pero San Valentín parece que ha crecido, ha madurado el aspecto y la conducta juvenil de esa primera idea; y en estos tiempos, propone no solo el romanticismo de la rosa, el beso y la palabra, se ha adentrado en la relación sexual, en la caricia de los cuerpos desnudos, y se ha acercado al vino del dios Baco para sumirse en el universo apetecible del deseo. Propone lo ebrio, no solo en la condición de la bebida como compañía del amor, lo propone en la condición de la pasión, del amor sin ataduras religiosas, sin pecados capitales que impidan el acceso a sentir.

Hoy, más que nunca, la festividad de San Valentín es un carnaval apetecible, es una lujuria romántica, es una tarde de vinos hasta que el beso acabe en los labios, y los cuerpos desnudos, en el vaivén, sientan que la vida es vivir.

 

 

 

 

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