En Tiempos de Aletheia

Entrevista a J. Morgan (dibujante)

Hemos creado una sociedad sustentada en principios de interés exclusivamente económico. Nos hemos olvidado del objetivo primordial de la sociedad: proporcionar el bienestar de sus componentes.

 

 

Todos sabemos quién es J. Morgan, pero ¿quién es J. Jesús Verdú Medina? Me refiero a la persona.

Siempre he procurado mantener mi vida personal, en lo que respecta a mi imagen y mi privacidad, lo más lejos posible de mi faceta pública como humorista gráfico. Así que lo único que me aventuro a confesarles es que el tal J. Jesús Verdú Medina es un tipo normal, tirando a bajito, que tiene el privilegio de ganarse el sustento dibujando machangos. Para lograrlo han tenido que pasar muchos años y miles de viñetas dibujadas. Me siento feliz, es un trabajo creativo que me mantiene intelectualmente activo. Además de las viñetas de prensa, cada ilustración, cada caricatura, cada cartel o cada campaña que me encargan supone un reto, un nuevo desafío que emprendo con la mejor intención. Esa es mi faceta pública, pero no se lleven a engaño: el mito de la vida bohemia del artista esconde muchas horas pegadas al tablero de dibujo, y al ordenador, sin horarios ni festivos… ¡Y con una gata que se empeña en robarme los rotuladores!

 

-¿Cómo llegó al humor gráfico?

Dicen que las casualidades no existen, que si estás en el lugar adecuado en el momento preciso es porque algo habrás hecho para ello. Puede ser así, porque yo ya dibujaba de forma autodidacta desde que adquirí la capacidad de agarrar un lápiz. El caso es que, a petición de un amigo, expuse unos dibujos de sátira social en un pub de Las Palmas de Gran Canaria, el Yurfa, en la calle Perdomo. Corría el mes de marzo de 1983 (el diario Canarias7 salió a la calle en octubre del 82) y me quedaban unos meses para cumplir los veinte añitos. Vicente Llorca, en aquel entonces un joven redactor del periódico y hoy vicedirector del mismo, vio aquellos dibujos que llamaron su atención. El Canarias7 de entonces aún no tenía viñeta. Vicente me pidió que hiciera algunos dibujos para mostrarlos en la redacción, esta vez relacionados con la actualidad local. Así lo hice. Creo recordar que realicé tres viñetas (una de ellas relacionada con la propuesta del Auditorio, que en aquel entonces se pretendía construir en La Puntilla, al otro extremo de donde hoy se ubica). Me llamaron al día siguiente. Y hasta hoy…

   

 

¿Necesitamos el humor para equilibrar nuestra vida?

Dice el psiquiatra Luis Rojas Marcos que para tomarse la vida en serio es imprescindible el humor. El humor no solo es un bálsamo que amortigua el infortunio, es también una capacidad maravillosa que tenemos los seres humanos para percibir los aspectos absurdos y ridículos de nuestra realidad, y nos proporciona una perspectiva diferente de las incongruencias y cosas trágicas de nuestra propia existencia. No resuelve los problemas cotidianos, por supuesto que no, pero la perspectiva humorística nos ayuda a sobrellevarlos cotidianamente de una manera más saludable.

 

La realidad, en ocasiones, ¿puede ser más inverosímil que una viñeta humorística?

Sí, la realidad supera con creces cualquier ficción. Lo demuestra cada día el interminable flujo de barbaridades, sinsentidos y disparates a los que te tienes que enfrentar en tu oficio como viñetista de prensa, que no es otro que el de asomarte diariamente a la ventana de la actualidad para interpretarla con humor. Muchas veces he dicho que el chiste ya te lo dan hecho, y que lo único a lo que puedes aspirar es a dibujar un machango que lo represente gráficamente. Si esto sigue así, los viñetistas acabaremos pagándole a los políticos por hacernos la mitad del trabajo.

 

-¿Cómo ve la actualidad social?

Uf… No me tires de la lengua. Me preocupa. Mantengo la esperanza de ver más progreso, más cultura y más democracia. Una sociedad más tolerante, dinámica, abierta y solidaria. Igual es pedir mucho, pero creo que nos merecemos, como sociedad, aspirar a algo más productivo y sensato que esta continua bronca política basada en la confrontación partidista y la añoranza, por parte de algunos, de los privilegios de la dictadura. Tenemos un país maravilloso, con una gente estupenda, un patrimonio cultural inigualable, una gastronomía envidiable y unos paisajes increíbles… Es una pena que, en parte de nuestro genoma social, se mantenga todavía la pertinaz seña hispánica de que “ni comemos ni dejamos comer”. Es una pena.

 

-¿Cuál cree que es la mayor miseria del ser humano?

La mayor miseria del ser humano es el propio ser humano. Dicho así, podría entenderse que soy un tipo bastante sombrío para ser humorista. No, de ninguna manera. Soy bastante optimista. Soy tan optimista que estoy convencido, vamos, tengo la certeza absoluta de que la humanidad se va a extinguir y que, a partir de entonces, al planeta Tierra empezará a irle todo estupendamente. Eso sí, sucumbiremos contentos, porque hasta el último momento, hasta el final de nuestros días, habrá Rebajas.

 

-Si tuviera que elegir alguna frase, pensamiento, reflexión o palabra que definiera su vida, ¿cuál sería?

Mi filosofía vital es la de molestar lo menos posible. Así que, dicho esto, una frase que podría definir mi vida podría ser “yo solo pasaba por aquí, disculpen las molestias”.

 

La creatividad, independientemente del espacio en el que se desarrolle, ¿cree que es más necesaria de lo que pensamos?

Es el impulso vital. Nuestra curiosidad y espíritu inconformista nos ha impulsado, desde mucho antes de alcanzar la bipedestación, a preguntarnos el motivo de todo, a indagar sobre el entorno y nuestro interior. Y para desenvolvernos en él, hemos recurrido al ingenio, a la creación, y eso nos ha hecho más humanos. La creatividad nos hace mejor persona y nos aporta una perspectiva más abierta a la diversidad y la tolerancia. Es una pena que la creatividad, en la infancia, se confunda muchas veces con “el despiste” y sea reprimida en lugar de alentarla con una correcta estimulación. Deberíamos cuidar mucho más nuestra capacidad creativa.

 

¿Está infravalorada la cultura?

Digamos que hemos creado una sociedad sustentada en principios de interés exclusivamente económico. Nos hemos olvidado del objetivo primordial de la sociedad: proporcionar el bienestar de sus componentes. Basta reflexionar sobre la terminología empleada en los presupuestos. Si hay un interés económico o político, se habla de “inversión”. Si se trata de ofrecer un servicio o una mejora en la vida de la gente, se habla de “gasto”. En nuestra escasa oferta cultural, y siempre en mi modesta opinión, creo que hay más inversión que gasto. Ya me entienden.

 

-¿Con qué persona de la historia del cómic se queda? Y de sus personajes, ¿por cuál siente debilidad?

Yo nací a principio de los sesenta. Eso significa que buena parte de mi conciencia social, adquirida durante la adolescencia, está vinculada a los dibujos de Quino, y muy especialmente a las Tiras de Mafalda. Junto a este gran maestro, otros tres referentes conforman mis cuatro puntos cardinales: Jaume Perich, Forges y Antonio Mingote. Me quedo con los cuatro, con su ejemplo de elocuencia y con su magnífico sentido de la ironía mezclada con un poco de mordacidad y atrevimiento, algo de sensatez y mucho sentido común, que son los ingredientes esenciales del humor gráfico.

 

Además de sus viñetas de prensa, ¿en qué proyectos trabaja?

Además de la viñeta diaria para Canarias7 y varias semanales para revistas y publicaciones diversas, realizo ilustraciones humorísticas para instituciones, empresas y particulares. Buena parte de mi trabajo consiste en ilustrar material de sensibilización o divulgación para promoción de la salud, medio ambiente, igualdad, medicina preventiva, prevención de incendios…, en forma de carteles, cuadernillos o mensajes para difundir en RRSS. A eso hay que añadir otros trabajos para la promoción publicitaria y los encargos puntuales para eventos y celebraciones. Ahora mismo tengo sobre mi mesa un cómic educativo y varias viñetas-caricatura encargadas para regalo (sin dejar de pensar en las viñetas para el periódico de los próximos días). Vamos, que no tengo tiempo de aburrirme.

 

 

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