En Tiempos de Aletheia

Entrevista a Marta Barrio. Editora y escritora

Ganadora del Premio Tusquets de Novela 2021 con la novela Leña menuda

 

 

¿Quién es Marta Barrio? Me refiero a la persona, no a la escritora.

Soy una ávida lectora desde niña. Y trabajo desde hace ya más de diez años en Alianza Editorial como responsable de redes sociales y editora. Estoy casada y tengo una hija de tres años a la que le leo cuentos todas las noches. Soy francófila y francófona y fui trapecista en una vida pasada, pero como afición. También soy bastante tímida, aunque suelo disimularlo y no siempre lo parece. Tengo doble nacionalidad, soy española y estadounidense, pero solo porque nací en New Haven de casualidad, mientras mi padre estudiaba un máster en Yale con una beca Fullbright.

 

¿En qué momento decidió comenzar a escribir?

Cuando era niña, me encantaban los cuentos. Tanto, que cuando me portaba mal me castigaban sin leer. Mis padres unas navidades me regalaron un programa informático de escritura creativa con el que empecé a escribir mis primeros cuentos, eran cosas de osos que cantaban y les tiraban tomates pero no pasaba nada porque se los comían y estaban riquísimos. En la adolescencia, participé en un par de concursos de poesía en el colegio, siendo premiada en ambas ocasiones, y luego vino un larguísimo período de tiempo sin acercarme a la escritura, porque descubrí el canon, y eso me paralizó. Temí que lo escrito no estuviera nunca a la altura de lo leído, no poder llegar al nivel de los grandes autores a los que se veneraba, ser mediocre, en suma. Me dediqué al estudio de la literatura, y más tarde a la edición, y eso me alejó todavía más del deseo de escribir, hasta que de un día para otro eso cambió. Quizás, pensándolo a posteriori, fuese al ver que empezaban a publicar libros escritoras de mi edad cuando comencé a sentirme autorizada para intentarlo a mi vez.

 

¿De dónde nace la idea de la novela Leña menuda?

Una noche de Reyes de hace un par de años, una amiga del pueblo me contó un secreto que no le podía contar a nadie más. Yo entonces estaba escribiendo otra cosa –escribo en Navidades, Semana Santa, vacaciones y las siestas de mi hija– y lo aparqué para dar comienzo a la historia de ese secreto, que se convertiría en la semilla de esta novela, que es un árbol híbrido, con muchas ramas digresivas. Es una historia basada en hechos reales, pero es también una reflexión sobre el cuerpo y sobre los nombres que les damos a las cosas. En esta historia, he partido del testimonio de una persona cercana y he derivado hacia la metáfora, he caminado de la mímesis hacia la fábula, pues lo no visto o lo no nombrado, que no lo innombrable, a veces se manifiesta mejor de esta manera en literatura. Nunca imaginé que una novela tan disruptiva, que un árbol con tantas ramas, pudiera ganar un premio tan prestigioso. Quizás esta necesidad de viajar hacia la digresión y hacia la metáfora nazca de la dificultad de mostrar el paisaje interior de la narradora en su larga odisea hacia esa salida de emergencia que es el turismo abortivo. Por otra parte, esta novela nace de seis noticias de periódico que me impactaron mucho, y son las siguientes:

El jueves 10 de marzo de 2011, varios colectivos estudiantiles organizaron una protesta pacífica en la capilla de la Universidad Complutense, ubicada en Somosaguas, para manifestar su oposición a la existencia de lugares de culto en entornos educativos supuestamente laicos, sufragados con dinero del erario público.

El viernes 27 de noviembre de 2015, un hombre de 57 años llamado Robert Lewis Dear cometió un atentado contra un centro de planificación familiar en Colorado Springs, en Estados Unidos, matando a tres personas. Otras nueve fueron hospitalizadas con heridas de bala. Durante las cinco horas del asedio, no dejó de nevar.

El sábado 25 de agosto de 2018, la Coalición Argentina por un Estado Laico presentó cuatro mil solicitudes de apostasía a las autoridades eclesiásticas en distintas diócesis del país como respuesta a la campaña del clero contra la legalización del aborto. Este colectivo se fundó en 2009, e impulsó las primeras apostasías colectivas a raíz de la «guerra de Dios» que el actual papa Francisco, entonces arzobispo de Buenos Aires, convocó contra el proyecto de ley del matrimonio entre personas del mismo sexo.

El lunes 7 de octubre de 2019, nació un niño llamado Rodrigo en el Hospital de São Bernardo, en Setúbal, al sur de Lisboa. En ninguna de las ecografías se le comunicó a la madre que su hijo no tendría ojos ni nariz, o que le faltaba parte del cráneo, por lo que presentó una denuncia por negligencia contra Artur Carvalho, el obstetra de la clínica privada Edo Sado que había seguido su embarazo sin detectar dichas malformaciones. El caso del «bebé sin rostro» portugués tuvo mucha repercusión mediática y se descubrió entonces que el Colegio de Médicos luso llevaba ya doce reclamaciones contra ese doctor, sin que hubiera habido consecuencias para su carrera profesional.

El sábado 16 de noviembre de 2019, Elisa Pilarski fue atacada por una jauría en el bosque de Retz, en Francia. Tenía veintinueve años, y estaba embarazada de seis meses. Llamó a su marido pidiendo ayuda, pero cuando este llegó era demasiado tarde.

El jueves 23 de octubre de 2020, Polonia declaró inconstitucional el aborto por malformación fetal, que representaba el 97 % de las interrupciones de embarazo llevadas a cabo el año anterior de manera legal en el país, desencadenando una oleada de protestas feministas. La ley polaca al respecto ya era una de las más restrictivas de Europa, debido a la fuerte impronta del catolicismo.

 

Hablar del aborto con naturalidad, ¿abrirá las mentes sobre el tema?

Siempre he tenido una especial sensibilidad con este tema, desde que vi una película china titulada Xiu Xiu. Desde entonces lo he visto representado muchas veces en cine y literatura, casi siempre con un final terrible. A los personajes femeninos que se desvían un poco del camino muchas veces les espera el convento, el manicomio, o el suicidio. Incontables heroínas mueren ahogadas tras un desliz, seducidas y abandonadas, o forzadas a la prostitución… Finales edificantes con moraleja: las mujeres caídas no se levantan. Cuando me contaron la historia real que está en la génesis de esta novela, me dije que quizás fuese hora de agarrar el timón y de redirigir el rumbo, en busca de un nuevo arquetipo, que quizás un aborto podía ser un final feliz cuando la protagonista así lo había decidido.

 

¿La literatura como herramienta para alumbrar a los que no quieren ver?

Creo en la literatura como acción de cambio y me preocupan la ecología y el feminismo. Me aterroriza la amenaza creciente del cambio climático, como un crimen perfecto que se perpetra sin que nadie pueda impedirlo y que nos acabará alcanzando por mucho que los políticos se empeñen en mirar hacia otro lado y no darle la prioridad necesaria en sus agendas. También me inquieta el retroceso de mentalidades que se está dando en la cuestión de los derechos de la mujer, y en el aborto en particular, pienso en la nueva legislación al respecto de Texas y me entran escalofríos. Hemos vuelto a los tiempos de la delación, de los vecinos inquisidores que se pueden lucrar con el dolor ajeno.

 

La novela habla sobre la maternidad, en especial, el período de gestación ¿cree que es un tema poco desarrollado en literatura?

Muchas veces nos buscamos en otras novelas y en otros libros y en otras vidas pero no nos encontramos siempre en el canon. ¿Por qué representar lo doméstico, el cuerpo? Quizás para conquistar o resignificar la intimidad. Se trata, al fin y al cabo, de otro tipo de destape, consistente en explorar mundos tradicionalmente silenciados. La representación de ciertas realidades es subversiva, marginal. Y, por tanto, potencialmente transformadora. Este fue un proceso de escritura durante el cual fueron surgiendo más ramas de ese árbol de palabras que iba conformando, de mujeres cercanas que me confiaron sus experiencias, que me convencieron de que hay cosas no nombradas a las que ya va siendo hora de poner nombre, y del poder de literatura como proceso catártico, tanto de escritura como de lectura, para dolores propios y ajenos.

Entender una sociedad a partir de lo cotidiano ¿nos hará comprenderla mejor y mejorarla?

Me interesa mucho la cultura material, esa indagación en la memoria de un país y de una sociedad a partir de lo cotidiano. Siempre hay tejidos en mis libros secretos familiares y anécdotas cercanas. Trabajo mucho lo fragmentario, también por una imposición estructural, digamos, al escribir robándole horas al sueño mientras mi hija duerme por las noches, y tener que concebir la escritura necesariamente como una labor de a ratitos sueltos. La intertextualidad y los juegos con la escritura encontrada de los poemas de Mary Ruefle también me parecen una fuente prodigiosa de inspiración.

¿La cultura debe encontrar un compromiso y una transformación en la sociedad?

Realmente he hecho una apuesta por la literatura como agente de cambio social y de mentalidades, al estar convencida de que, en una sociedad que no escucha a los científicos ni a los juristas, quizás se pueda llegar por el corazón gracias a la capacidad de conmovernos que tiene la narrativa. Creo que la escritura puede servir, sin necesidad de caer en lo panfletario, para convencer y para conmover y con ello poder cambiar el mundo para que sea un lugar más amable, o al menos más habitable para las generaciones futuras.

 

*La autora del copy es la fotógrafa, Noelia Olbés.