En Tiempos de Aletheia

¿Español o castellano? ó quizá… ¿panhispanismo?

Recuerdo una noche, paseando por Madrid, hace ya bastantes años, cuando un conocido francés me comentó con intención que los españoles éramos los únicos que llamábamos castellano a nuestra lengua, mientras que en América Latina le llaman español. Mi yo de entonces enseguida argumentó que en España convivían cuatro lenguas cooficiales y que no podíamos llamar español al castellano puesto que esto le daría un estatus de lengua predominante (que en realidad es lo que es, puesto que es la única cuyo uso se extiende a todo el territorio del país). La verdad es que durante toda la escolaridad estudiamos la asignatura de “Lengua castellana y literatura”, así aparece en los libros de texto y en los manuales pedagógicos y este término además de ser utilizado por una gran parte de la población frente al de español, se ha oficializado.

No fue hasta la edad adulta que, llevada a vivir en Francia, terminé enseñando mi lengua materna a extranjeros y se me hizo habitual llamarla español. Los franceses dicen “espagnol” para referirse a ella; por lo tanto, la traducción que se impone con facilidad es la más próxima a esta. Al cursar el “Máster de enseñanza del español como lengua extranjera” aprendí que este término parecía ser el más adecuado en una perspectiva internacional. Se nos llama profes de ELE, siglas de Español Lengua Extranjera, para que no quede ninguna duda. El español es lengua oficial o cooficial en veintidós países en tres continentes, cuarta lengua en número de hablantes nativos y segunda lengua de comunicación internacional.

Los lingüistas han consensuado que en la lengua española podemos diferenciar ocho grandes zonas o variedades diatópicas (geo lingüísticas) según sus rasgos lingüísticos particulares, a saber: el castellano o la variante del centro-norte peninsular, el habla andaluza y el canario en España y al otro lado del océano el español de México y Centroamérica, el caribeño, el andino, el rioplatense y el chileno. Al español de Guinea Ecuatorial se le agrupa en la variedad castellana. Obviamente de un país a otro, así como dentro de los diferentes países, seguimos encontrando variedades. Más profundizamos y más pequeña es la escala que al final nos encontramos con que los de mi pueblo no hablan como los de tres pueblos más allá, pues al final a la lengua le da forma el uso y el uso se lo da el hablante. La lengua está viva y no deja de evolucionar.

Por todo ello, a día de hoy, el término castellano ha desaparecido casi de mi vocabulario o por lo menos con la acepción que le daba en el pasado. Más allá de connotaciones políticas, ¿qué sentido tiene decir que en República Dominicana o en los Andes hablan la lengua de Castilla? En Argentina, sin embargo, sí que la llaman castellano y precisamente porque sienten que lo que se habla en su país no es como la lengua de España. En realidad, por tradición histórica, geográfica o social, los países han escogido el término que más les conviene y esta cuestión es aceptada, restringiendo el debate al plano de los profesionales de la lengua.

Pero hay otra cuestión, si “castellano” se refiere a Castilla, “español” se refiere a España… ¿Podría existir un término que englobase la lengua rica en variedades, y a la vez homogénea, que hablamos en lugares tan diversos del mundo? Pues sí. Lo hay. El concepto de panhispanismo, el cual fue acuñado hace algunos años por la colaboración de universidades e instituciones lingüísticas de diferentes países.

El panhispanismo hace referencia precisamente a la cooperación y unidad de los diferentes países hispanohablantes poniendo en valor los intercambios culturales, históricos y lingüísticos. La Asociación de Academias de la Lengua Española concibió el Diccionario panhispánico de dudas en 2005, de consulta gratuita en Internet y fue un importante paso para difusión y prestigio de otras voces hispánicas más allá de la castellana.

Creo que hoy en día toca, dejando de lado banderas, enfrentamientos y connotaciones sociales abogar por una perspectiva universalista abierta a lo concreto y a lo local creando puentes para el respeto y el entendimiento… Ya sea utilizando un término u otro… Ahí está la libre elección y el respeto por la misma.

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