En Tiempos de Aletheia

¿Fobia a la muerte?

En todas las publicaciones psicológicas que leemos como diarios, blogs, revistas o artículos, encontramos casi siempre un espacio dedicado al duelo, a las fases del duelo, a cómo superarlo, pautas para gestionarlo…, pero en pocas ocasiones encontramos alguna publicación dedicada a cómo evitar tener un duelo complicado o qué podemos hacer para que el proceso de duelo lo aceptemos con naturalidad al igual que aceptamos la vida.

 

Nuestra sociedad tiene miedo a la muerte, quizá fobia. Cuando una ser querido fallece generalmente se lo ocultamos a los niños, pretendemos protegerlos diciéndoles que su ser querido se ha ido al “cielo”, no se nos ocurre en ningún momento facilitar una despedida; por supuesto, los niños al tanatorio no van. En otras ocasiones, nos encontramos hablando de la muerte y siempre hay alguien que lo evita, corta la conversación, hay una conducta supersticiosa en torno al tema “si lo hablamos, la llamamos”.

 

Como comenta José González Fernández en su publicación La sociedad tanatofóbica, el ser humano es el único animal que es consciente que en un futuro va a morir, sin embargo, vivimos constantemente dando la espalda a la muerte; a veces, hasta nos sentimos inmortales, la muerte no va con nosotros, aunque la estemos viviendo a nuestro alrededor.

 

Hace poco una persona que atiendo en mi consulta me decía: “A pesar de la edad que tenía mi padre y de lo enfermo que estaba en ningún momento pensé que iba a tener ese desenlace, siempre desechaba la idea de que muriese”. Le daba la espalda a la muerte, huía del pensamiento de pérdida, en esos momentos no se atrevía a afrontar que su padre se iba. Ella se centró en imaginarse el después cuando su padre saliera del hospital, se preocupó de gestionar todo para que no le faltara nada en sus cuidados, cuando en realidad lo que pasaba es que su padre se estaba yendo.

 

En otras culturas, la muerte está presente desde niños, nacemos, vivimos y morimos. En México, por ejemplo, se dedica un día de celebración para aquellas personas fallecidas, donde la forma de vivirlo es completamente distinto a como se realiza en España, mientras que aquí la gente se viste de luto riguroso y se respira un ambiente de tristeza, el Día de Muertos en los cementerios es, allí, un día de fiesta donde se lleva a la tumba del muerto la comida y bebida que le gustaba y se festeja con música y memorias alegres de la persona fallecida. Todo el país se tiñe de color, pareciendo un carnaval con máscaras de calaveras y esqueletos por las calles. La muerte forma parte de su cultura desde el nacimiento y no se ve como algo tétrico como estamos aquí acostumbrados, una buena muestra si no podemos tener la oportunidad de pasar el Día de Muertos en México para vivir la experiencia, la tenemos en la película de Coco, donde da una visión muy cercana de cómo se vive y se siente la muerte en este país. Otro ejemplo, es la visión budista, la vida eterna, en la que es necesaria la muerte para que el alma pueda evolucionar. En las culturas orientales tampoco es un tabú, es más, para perderle el miedo te invitan a que pienses en ella de una manera profunda incluso que medites pensando en ello. En resumen, la muerte se acepta y se integra en una parte más de la vida.

 

En Occidente no esta incluida en nuestra educación, además, se da una imagen monstruosa, por ejemplo, un esqueleto con guadaña, las personas que sufren un fallecimiento de un ser querido se visten de negro, las emociones que se evocan son “negativas”. Es por eso por lo que una gran mayoría de intervenciones psicológicas son por un duelo mal gestionado. Es muy común oír: “Me dediqué a trabajar para olvidarme”, “me puse a beber para olvidar”, “no me gusta hablar de la persona fallecida porque lloro”, y un largo etcétera.

 

Hace poco en un conocido programa de corazón pude escuchar una entrevista con Paz Padilla, hacía muy poco que había fallecido su marido. Escucharla me dio la idea para mi nuevo artículo.

 

¿Por qué en vez de solucionar el duelo una vez ocurrido el fallecimiento, prevenimos un duelo complicado o aprendemos que tenemos que hacer para poder sentirnos aliviados?

 

¿Qué podemos hacer cuando se avecina un fallecimiento?

 

  • Afrontar la noticia que recibamos, es duro, nos hará estar tristes, pero no hay que olvidar que también la tristeza forma parte de nuestra vida, al igual que la alegría. En muchas ocasiones nos vemos embargados por la enfermedad, pruebas, posibles soluciones, etc. Pero cuando se trata de una enfermedad grave, llega el momento en el que sabemos que es irreversible…, no seamos pesimistas, pero sí realistas, nos negamos a aceptar la realidad, pero al final nos adaptamos. Es importante en esta situación: compartir tus emociones con tus redes de apoyo, serán tus bastones, y las que te ayuden a superar la éerdida de después.
  • Permitir que sea la persona que va a fallecer la que decida qué quiere, en ocasiones necesitan dejar alguna cosa solucionada, o quieren hablar con alguien o pasarlo solo/a, debemos ser respetuosos con las decisiones. Si nos lo permite disfrutar al máximo de él/ella, podemos preguntar qué necesita. En muchas ocasiones es posible hacerle pasar un rato agradable y recordar con humor la vida pasada.
  • Lo más importante: despedirse. A lo largo de nuestra vida nos comunicamos sin dificultad, sin embargo, cuando se trata de decir “adiós” a un ser querido nos quedamos bloqueados, no sabemos qué decir, nos da la impresión de que no nos expresamos bien, tenemos miedo de malograr el momento. A veces, no es necesario hablar, un simple gesto o caricia habla por sí sola. Como dice una de las canciones de Luis Fonsi: “Quiero amarte hoy por si no hay mañana”.

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