En Tiempos de Aletheia

Sobre la sangre y la gracia de dios en la abdicación y en la adjudicación

Escribiendo con absoluta honestidad, aunque a alguno le parezca que esto es el “cuento de la buena pipa” y le suene a cachondeo, no es mi intención. Los personajes son reales. ¡Vaya!, ya he quitado el envoltorio al pastel y ya saben hasta su sabor. Son quienes ni dieron ni dan ni darán golpe en su vida, puesto que las vacantes de alto funcionariado a ellos asignadas son por la “gracia de Dios”, a algunos desde que nacen. ¡Qué curioso! ¿Cómo es posible que Dios entregue el poder soberano de un país a personas que, pudiera darse el caso, ni siquiera hubiesen nacido en ese país? Pero por si vienen mal dadas no desprecian nada de lo que se les ofrece.

Este es el caso de Alfonso XIII, al proclamarse la Segunda República en España, de 1931, es Azaña quien informa al rey de que, después de la conversación, no podría garantizarle la seguridad de él y de su familia. Acto seguido, Alfonso XIII, dejando a su familia en Madrid, se va a Cartagena, conduciendo un coche de gran cilindrada durante toda la noche, para embarcar en el crucero Príncipe Alfonso, que trasladaría a toda la familia real a Marsella. Fue esa huida la que hizo pensar a los españoles que los Borbones no volverían a tener a nuestro país atrasado, inculto y hambriento. Pero todo esto viene de antaño de cuando falleció la Reina Isabel I de Castilla casada con Fernando de Aragón. Justo en ese momento se acabaron los reinados de los hispanos en su país, que es el nuestro, sustituidos por personas nacidas en el extranjero. Aun cuando el maño intentó jugarle alguna pasada a su yerno el Hermoso que no hacía más que desacreditar, incluso públicamente, a su legal esposa, la llamada Juana, de la que se comentaba que desvariaba de amor por el belga que poco caso le hacía. Felipe el Hermoso solamente reinó durante setenta días, pero dejó a un descendiente de su propia sangre y este al que fue el rey más poderoso del mundo.

Aquí es donde España debió mantener su poderío de todo tipo sobre todo el económico, pero Felipe II, que así se llamaba el rey en cuestión era obsesivo con el control. Toda operación debía ser registrada y documentada. Tuvo la mala fortuna de no saber qué hacer con la Armada Invencible, ni con la Reforma de Martín Lutero, y aunque pudiese destacar en la batalla de Lepanto, ser el paladín del catolicismo le restó poder. Después continuó con la saga otro que no merece mención, pues siendo el tercer Felipe, no se parecía nada a su padre, pero donde ponía el ojo ponía la bala. Tuvo ocho hijos con su prima Margarita. Y también podríamos decir que, de algún modo, fue el precursor de la corrupción y desmanes en las instituciones del Estado, al fichar al Duque de Lerma, en quién delegó una gran parte de sus responsabilidades. Al tercero le sucedió el cuarto que casi se hace eterno en el reinado, pero sin que le pasasen cosas buenas, salvo tener, dentro y fuera del matrimonio, muchos hijos. Este fue un verdadero adicto al sexo y que apreciaba más a la partenaire más pobre o de mala presencia que a las de alta alcurnia. Su otra afición era comprar pinturas de desnudos. Y debió ser que como no tenía tiempo para cuidar a tanto hijo, nombró valido al Conde Duque de Olivares.

Fue un Carlos, el segundo, el que sucedió al cuarto Felipe. Al tal Carlos se le llamó el Hechizado, pues carecía de todo lo que tuvieron sus predecesores de la dinastía Habsburgo, salvo uno, la mayoría era buena estatura, buenos amantes y buenos en la mesa.., se decía que Carlos I antes de sentarse a la mesa probaba carnes de ocho o diez animales. Sin embargo, al pobre Carlos II no le pudo ir peor, pues además de muchas deficiencias físicas, también se vio afectado de padecimientos mentales. Con su fallecimiento, se acabó el último rey de la dinastía austríaca Habsburgo.

El interés por el bienestar de los ciudadanos españoles se evidencia en las maniobras realizadas tanto por Leopoldo, emperador de Alemania en favor de su candidato, Carlos archiduque de Austria, como por Luis XIV de Francia en favor de su candidato Felipe de Anjou. Fue el mismo Carlos II, el Hechizado, quien dejó claras sus preferencias al otorgar su testamento en favor de la casa Borbón, dando así por terminada la dinastía austríaca.

No se sabe ciertamente el motivo de la abdicación de muchos reyes de la Dinastía borbónica en nuestro país, pero de los once que fueron investidos como Reyes de España, siete de ellos abdicaron. Esto, que es habitual en otras monarquías europeas, no lo es en nuestro país, quizá porque no existe la coronación sino una simple proclamación, y aunque a varios informadores les sorprendió la renuncia de Juan Carlos I, por una vez se expresó correctamente porque no se abdica en favor de alguien, sino que se abdica algo. En este caso la Corona.

Aun cuando Juan Carlos I haya manifestado en petit comité que “un rey muere siendo rey”, lo que está claro es que la dinastía que representa deja el cargo por una causa u otra, y es que, de la dinastía borbónica en España, han abdicado un total de siete reyes de los once que hubo. No fueron algunas abdicaciones correctas, pues no se abdica en alguien, como ya hemos dicho, sino que se propone a las Cortes la aprobación de la abdicación y la propuesta de sucesor. Es por ello que son varias las abdicaciones borbónicas incorrectas, pues en las mismas, figura el sucesor y no una propuesta. Existe también lo que se podría definir como no admisible que no afectó a la casa borbónica pero sí a un rey, Amadeo I de Saboya, esto es, que, tras abdicar, dio paso a la I República en España.

 

Felipe V, el primer Borbón en reinar en España, fue también el primero en abdicar en favor de su hijo Luis I, pero no tardó mucho en reincorporarse al trono por el fallecimiento de Luis I, doscientos veintinueve días después de tomar la Corona.

 

Carlos IV fue otro Borbón que abdicó en su hijo el Deseado Fernando VII, sin embargo, Napoleón le obligó a regresar al trono para seguidamente abdicar en él y así poder nombrar a su hermano José I Bonaparte.

Su hija Isabel II tuvo una guerra fratricida contra los carlistas en favor de un hermano de Fernando VII, llamado Carlos María Isidro, que reclamó su derecho al trono lo que se convirtió en una matanza que se prolongó durante seis largos años. Una verdadera guerra civil, donde se puso de manifiesto el odio entre ambas facciones. IsabeI II abdicó estando en el exilio en su hijo Alfonso XII y, poco más tarde, este en el primogénito, Alfonso XIII que renunciaría a sus Derechos de Trono por motivos de amor, pues se quería casar con una persona corriente, llamada Edelmira Sampedro. Alfonso XIII fue una persona poco querida. Un rey poco querido por el pueblo. Y si el reinado de su padre Alfonso XII fue de una tranquilidad relativa, con Alfonso XIII se perdieron Cuba y Filipinas, y continuó con la guerra del Rif, en Marruecos, y una segunda parte con el Desastre de Annual (respecto a este último tenemos un artículo cuya segunda parte está ya preparándose, les dejamos aquí el link a la primera:

https://www.entiemposdealetheia.com/nadie-nos-informa-reportaje/annual-cronica-del-fracaso-primera-parte/ )

 

Sin temor a equivocarme, pienso que estas personas de la nobleza poco más tenían en su genética que una irrenunciable adicción al sexo. Sin ir más lejos, este rey, siempre tuvo esa acusada pasión por el sexo. Nada más irrumpir el cinematógrafo contrató a una pareja de cineastas catalanes, de apellido Baños, que filmaron tres cortos para su solaz en una sala de proyecciones privada en el Palacio Real. Estos encargos fueron hechos a través de su ministro, el Conde de Romanones.

 

Faltan por escribir muchos detalles y anécdotas, pero a grandes rasgos esto forma parte de nuestra historia. Es la historia de un país que dejó las huellas de sus pies en los caminos polvorientos de todo el mundo en busca de una situación económica sino más fuerte, más estable; con acceso a la cultura sin necesidad de declarar si eres azul o rojo. España es un país al que sus ciudadanos le demostraron amor y que aun siendo mucho el tiempo de exilio obligado que han pasado siempre han vuelto a sus orígenes de los que se han sentido y se sienten orgullosos. Que han sido y son un ejemplo de trabajador migrado y que por bagaje llevaron su mejor tesoro. El idioma. Y sin embargo nunca fue un país bien gobernado y que habitualmente tuvo sobre su cabeza la espada de Damocles, en sublevaciones, golpes de Estado, asonadas militares, siempre con temor a instituciones militares que parece que añoran otros tiempos que, ni para ellos ni para nadie, fueron mejores, pues estas instituciones nunca fueron mejor tratadas, pagadas, y respetadas. Una España que además sufrió varias guerras fratricidas en favor de personas que jamás lo merecieron, que siendo su constitución como nación, tan antigua, nunca hasta ahora disfrutó de libertad y, aunque dominó el mundo, jamás una Constitución o Carta Magna fue jurada por quien debía hacerlo en su momento. Un país que fue vendido, traicionado, vilipendiado y espiado por unos y por otros. Y para terminar decir que la famosa Transición, “ejemplo para el mundo”, según Times, fue ideada por la Agencia de Inteligencia Norteamericana.

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