En Tiempos de Aletheia

Entrevista a Pilar del Río (Periodista y directora de la Fundación José Saramago)

“El poder real no quiere poblaciones conscientes de sus valores, derechos y deberes democráticos: poblaciones así son difíciles de gobernar, es gente que pregunta, replica, no usa los modales que el poder trata de imponer.”

(Pilar del Río)

 

 

Pilar del Río (Sevilla, 1950) es periodista y traductora. Dirige la Fundación José Saramago en Lisboa desde 2007. En la cabecera de su cuenta de Twitter, amodo de presentación, tiene escrito: “Periodista por pura curiosidad. Contemplar el mundo no nos hace más sabios. ¿Intentamos cambiar algo?”

Formada en las universidades de Granada, Sevilla y Madrid. Trabajó en diversos medios de comunicación, prensa, radio y TVE.

En 1986, conoce al escritor portugués José Saramago, con quien se casa en 1988. Tradujo varias de sus novelas al castellano. Tras vivir unos años en Lisboa, en 1993 se trasladan a Tías en la isla de Lanzarote (Islas Canarias), donde permanecen juntos hasta el fallecimiento de Saramago, en 2010.

En el 2001, fue una de las pocas periodistas capaz de entrevistar al Subcomandante Marcos en Chiapas.

En 2010 adquirió la nacionalidad portuguesa declarando que se considera iberoamericana, e instaló definitivamente su residencia a Lisboa, donde se encuentra la sede de la Fundación José Saramago que preside.

 

 

¿Quién es Pilar del Río? Me refiero a la persona. 

Una española que con el tiempo se hizo portuguesa, que trabajó de periodista que a veces traduce, y que sigue pensando que militar en la causa de la libertad –la propia, la de otros– no es poca cosa, ni ahora, en el 2020, ni en los años sesenta, cuando Franco y sus cómplices pretendían que fuéramos dóciles, sumisas y resignadas. No lo consiguió y haber resistido es mi mayor triunfo.

 

¿Cómo ve el intramuros inapreciable de la sociedad española?

Fuimos preparados para ser rebaño y, a veces, rompemos nuestro destino. La democracia llegó por la muerte del dictador y se planteó otro sistema, el democrático, pero con las debidas precauciones. La sociedad, aunque franquista sociológicamente, consiguió ir avanzando en valores y ahí están los resultados: fue el matrimonio civil, el divorcio, el aborto, los matrimonios entre personas del mismo sexo, la educación mixta, la laicidad, la teórica igualdad de género, pero no consiguió avanzar en Educación para la Ciudadanía, ni siquiera mantener esta asignatura en la educación reglada. Este hecho bastaría para ver que el poder real no quiere poblaciones conscientes de sus valores, derechos y deberes democráticos: poblaciones así son difíciles de gobernar, es gente que pregunta, replica, no usa los modales que el poder trata de imponer, es irreverente. El franquismo sociológico acepta las grandes definiciones pero no que se toquen sus privilegios. El franquismo sociológico tiene expresión política, religiosa, económica y mediática.

 

¿En qué momento de la Historia de la humanidad nos encontramos? 

En un momento absurdo, que se ve en esto que ocurrió en el mismo país y el mismo día: mientras se manda una nave tripulada al espacio, un policía mata, asfixiándola con su bota, a una persona por ser negra y pobre. Ocurrió, ya digo, en el mismo día y el mismo país. ¿En qué momento estamos? En uno en el que las hazañas y las atrocidades son transmitidas para el mundo, que asiste indiferente a eso: a las hambrunas impresionantes, a las guerras continuas y la inconsistencia de quienes, pudiendo intervenir, se mantienen neutrales. Vivimos en la edad de los neutrales y por eso el poder es tan inhumano.

 

Como sociedad ¿hacia dónde camina la especie humana?

No sé, pero, lo que veo, me hace pensar que hacia ningún lado bueno. Cuando seamos diez mil millones en un planeta que hace un siglo tenía dos mil, ¿qué va a pasar? ¿Cabremos todos? ¿Habrá que inventar sistemas de aniquilación de algunos millones? ¿Qué tipo de sociedad será aquella en la que el otro te quita tu espacio? ¿Iremos todos armados? ¿La desconfianza será la norma? ¿Será la Era de la Desconfianza el tiempo que se nos avecina?

 

¿Cuál cree que es la mayor miseria del ser humano?

No darnos cuenta de que el otro es como nosotros y tiene los mismos derechos. No ser capaz de convivir porque el sistema permanentemente está generando desconfianza entre culturas y países, también genera odios porque así consigue sus objetivos de gobernanza sin mayores sobresaltos que algunas disputas entre partidos, a veces, también programadas.

 

¿Dónde está la mentira más creíble de la sociedad en que residimos?

Que este es el mejor mundo posible.

 

¿Cómo ve el estado de salud de la cultura en la actualidad? 

Defendiendo sus débiles señales vitales. La cultura transigió con planes de educación que no hacían ciudadanos activos, curiosos, levantados. La cultura no se puso en pie de guerra cuando los planes de educación prescindieron de asignaturas como Filosofía, Literatura, Arte. Ahora no pueden quejarse si nadie considera la cultura un bien esencial en la reconstrucción tras la pandemia. Por mil razones, tal vez hasta justificables, el mundo de la cultura transigió y ahora las consecuencias son evidentes.

 

Usted es una de las pocas periodistas que fue capaz de entrevistar al Subcomandante Marcos en Chiapas. ¿Cuál fue su impresión sobre el Subcomandante Marcos y sobre la lucha de los indígenas? 

El Subcomandante Marcos es una de las personas más interesantes que he conocido en mi vida: culto, amable, rápido, con capacidad para el humor y la ironía, capaz de explicar una estrategia mientras se fuma una pipa… Interesado por todo, con un nivel de información extraordinario, un ser amable. En cuanto a la revolución de los indígenas, era necesaria, se hizo mucho, queda mucho, se dio el primer paso. Importa que cuando en Zócalo de México se gritó a los representantes de los distintos pueblos originarios “Nunca más México sin vosotros”, todo el mundo supimos que esto era verdad, que por muchos atropellos que haya, los ciudadanos de México, sea cual sea su etnia, tienen todos los derechos. La teoría al menos se consiguió, antes ni eso tenían, había gente que nacía y moría sin existencia legal, no tenía ni un documento que la identificara.

 

Hablar con Pilar del Río es preguntar también por José Saramago. ¿Necesitamos hoy más que nunca la lucidez de su pensamiento? 

Necesitamos la lucidez de su pensamiento y su gran literatura: leyendo, pensando y argumentando a partir de los libros de José Saramago, nos hacemos más sólidos como seres humanos.

 

¿En algún momento seremos capaces de despojarnos de la ceguera en la que residimos y entender, como decía Saramago, “que viendo, no vemos”? 

Basta querer ver, pero ver en un mundo de ciegos aporta dolores insoportables, ya lo decía la mujer del médico: “Ver el horror, la injusticia, el trato inhumano, la deslealtad…” Pero si no vemos también perderemos el maravilloso espectáculo de la solidaridad, de la superación de la adversidad, del arte, del conocimiento… Los autómatas no disfrutan con una puesta de sol ni con un poema. No ven, no nos interesan.

 

Alguna reflexión que recuerde más que otras de Saramago. 

Que “tras el tiempo de ceguera vino el de la lucidez”. Ahí está Ensayo sobre la lucidez, con el papel del Estado y también el de los ciudadanos, las mujeres, los jóvenes, los hombres que no se resignan, que votan como quieren, no como mandan, que asumen la responsabilidad de la ciudad ante el abandono de responsabilidades que hace el poder, que hasta es capaz de repartir noticias en hojas voladeras si los medios desfiguran la realidad por presiones empresariales. La lucidez existe, se cuenta en ese libro y se ve en la vida. Se ven brotes de lucidez.

 

Algún pensamiento o reflexión de Pilar del Río para el tiempo en que vivimos.  

Que nos protejamos los unos a los otros. Vivimos en Estado de Responsabilidad, seamos prudentes, claro, pero pensemos que esto, el mundo, es asunto de todos, y la salvación no será individual, no puede ser. Que pensemos, hablemos y propongamos todos porque nadie –gobiernos, instituciones– tiene salidas preparadas, sin embargo, todos necesitamos salidas. Oigamos propuestas, del concilio universal cívico que es la humanidad, saldrán las mejores.

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