En Tiempos de Aletheia

NOS VA LA VIDA EN ELLO (CO2)

Viendo el clima tan excelente del que año a año gozamos no me cabe la menor duda de que vamos a morir más pronto que tarde. Las familias salen al campo a disfrutar los domingos de este maravilloso sol, hacen selfies y saludan a la cámara presumiendo de una temperatura que no se paga con dinero, de un sol que nos asegura un eterno verano.

Hace millones de años la concentración de Dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera era muy superior a la actual y carecía de Oxígeno (O2) y Ozono (O3). Fue la actividad fotosintética la que introdujo estos elementos hace de 2.500-2.000 millones de años. Es fácil de entender, las enormes plantas y la gran concentración de algas y fitoplancton recogen el CO2, fijan a su estructura el energético Carbono (C) y liberan Oxígeno (O2) gracias a la radiación solar, simplemente fotosíntesis.

La gran cantidad de sedimentos de materia orgánica, sobre todo plancton y algas depositados en grandes cantidades, son sometidos a distintos procesos físicos y químicos y se transforman en petróleo y gas que tienen en su estructura fijado el carbono que quedó atrapado en el interior de la Tierra, gracias a esto hoy podemos vivir.

Hace cuarenta años decían que solo quedaría petróleo para los próximos treinta años. Hoy la evolución de los sistemas de extracción nos capacita para extraer en condiciones impensables hace relativamente poco tiempo, así no se vaticina un final productivo, un “esta gota es la última”. Mario Molina, mucho menos conocido que los jugadores de fútbol o estrellas del reggaetón actuales, es un premio Nobel de química porque descubrió los efectos nocivos de los CFC’s en la capa de ozono (O3). Curiosamente cuando él predijo el final de esa capa protectora nadie lo tomó en serio. Unos años más tarde consiguieron detectar el agujero de la capa de ozono y la pérdida de espesor. Tuvieron que introducir medidas correctoras, que todavía no han solucionado el problema, pero aquellos que se rieron de la predicción sobre el futuro del ozono tuvieron que agachar las orejas cuando le concedieron el Nobel unos años más tarde.

Hoy, Mario Molina no predice cuándo será el fin del petróleo, está convencido de que se acabará el oxígeno antes fruto de tanta combustión de hidrocarburos. Lo que estamos haciendo al quemar petróleo, a grandes rasgos, es volver a unir ese carbono (C) que quedó fijado en el interior de la Tierra con oxígeno (O2), para volver a liberar CO2 a la atmósfera sin posibilidad de renovación rápida. Moriremos antes. Por eso cuando alguien me dice “el gasoil va barato”, “la electricidad de una central de carbón no contamina”, o “a mi caldera de gas no se le ve el humo y además no hace frío y hace un sol fantástico”. Ese individuo se está pasando por la entrepierna la evidencia. Ese mismo sol será el que nos tueste y ante la incineración colectiva solo cabe salir bien en una foto que ninguna generación venidera podrá ver. Apostemos sin esperar a gobiernos ni gabinetes, sino de forma personal y convencida de una vez por todas por las energías limpias y renovables… Nos va la vida en ello.

 

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