En Tiempos de Aletheia

El arquetipo de la madre

El arquetipo de la Gran Madre representaría uno de los arquetipos principales del inconsciente colectivo en la psicología analítica de Jung. Según su pensamiento, como arquetipo, la imagen de la madre trasciende el plano personal para llegar a uno más colectivo.

El arquetipo de la madre se representa en las mujeres, únicas en la especie capaces de concebir y dar a luz a nuevos seres. Sin embargo, este arquetipo mental puede simbolizar a la mujer cuidadora (ama de cría, niñera u otra) así como a la abuela, ejemplo de la sabiduría. Es decir, mujeres que sin concebir trascienden psicológicamente el arquetipo.

Este arquetipo contiene en sí mismo numerosos subtipos, positivos y negativos. La creadora de vida, sanadora, la sabiduría, la fertilidad, la cuidadora. Su empatía y cuidados o la falta de los mismos provocan en sus hijos el correcto desarrollo e independencia del ego o no.

Todas las culturas y civilizaciones han personificado o venerado la figura de la madre gracias a diferentes figuras de importancia capital dentro del culto de estas sociedades y religiones:

  • En la cultura cristiana, María joven virgen por el milagro de la Inmaculada Concepción dio a luz a un niño, Jesucristo hijo de Dios. Sobre este milagro reposa toda la tradición y cultura cristiana. La virgen María, la mujer más importante de la religión cristiana es una doncella pasiva a la que su destino le llega por imposición y su rol de madre pasa por encima de todo sin ser buscado, ni premeditado. Como la sexualidad es un pecado y la mujer no tiene derecho a disfrutarlo, ella se convierte en madre siendo fecundada por obra y gracia del espíritu santo. Su rol en la Biblia se reduce pues a la concepción y cuidados del niño Jesús hasta que vuelve a aparecer junto a la Cruz para cuidar de su hijo condenado ya adulto en su lecho de muerte.
  • En la cultura grecolatina, Demeter o Ceres es la diosa de la agricultura, la tierra y la primavera, una de las diosas más importantes y veneradas del Olimpo. Fue fecundada por Zeus, su hermano menor, dando a luz a Perséfone, la doncella que vive a la sombra de su madre hasta el rapto de Hades, dios del inframundo. Tras la desaparición de su hija, Demeter vaga por la Tierra buscándola con toda su atención puesta en ello hasta caer deprimida. La tierra sufrió las consecuencias, las cosechas fueron estériles, las plantas y las flores se secaron y el tiempo inclemente reinó durante días y meses. Al final, Zeus tuvo que intervenir y Hades, obligado a devolver a Perséfone se las ingenió dando de comer unas semillas de granada a la joven y poder guardarla así, seis meses al año. De esta manera nacieron las estaciones, los meses de primavera y verano, Perséfone estaba en la Tierra con su madre y los meses de otoño e invierno, cuando la luz se hacía tenue y los campos se cubrían con el manto del hielo y de la nieve Perséfone regresaba junto a Hades como diosa del Inframundo. Por este mito descubrimos el arquetipo de la mujer-madre que se encuentra pérdida fuera de su rol de madre, que es su razón de ser: una vez separada de sus hijos o privada de poder ejercer su maternidad, se deprime como si hubiera perdido el motor que le da el impulso de vida.
  • En la cultura India, la diosa Kali es una de las diosas negras u oscuras, complementaria al dios Shiva, energía masculina. Es Shakti, la energía primordial femenina que encarna la dualidad de la luz y las sombras pues la belleza y la pureza de lo divino existe en contraste con el lado oscuro, impuro y caótico que prepara a la muerte. Kali personifica a la diosa madre de la Tierra y la destrucción, a pesar de sus actos terribles y de beber sangre constantemente no es una diosa “mala” y adorarla significa calmar su ira. Esta energía destructiva es vista como vehículo de salvación y transformación última. En su faceta de gran y amante diosa madre de la tradición tántrica se la llama Kali Ma acogiendo en su seno la vida y el nacimiento así como la muerte y la destrucción.

Por último y a un nivel más ancestral que supone un cambio de paradigma, vamos a hablar de la gran Madre o Madre Diosa la cual formaba parte de la cultura matriarcal que existió antes de la Edad del Hierro, antes de los grandes héroes. Entonces, se rendía culto a la Gran Madre de la vida, de la Tierra y del universo que da y crea vida. La mujer tenía una representación muy importante en la sociedad y pueblos, a través del rol de las sacerdotisas entre otros. Esta Gran Diosa era venerada en su totalidad, desde una perspectiva de dualidad de vida y muerte, luz y oscuridad. Con la llegada de los semitas y los sabios a Oriente, llegan los héroes y las creencias ancestrales comienzan a considerarse maléficas, las estructuras del matriarcado de destruyen y se da paso a la Edad heroica.

En la etapa donde se veneraba a la Gran Diosa ni se cuestionaba, ni se posicionaba tanto en el bien o el mal ya que se consideraba al ser en toda su diversidad. Los héroes eran esposos e hijos de la Gran Madre y son ellos los que separan el bien del mal: La Madre en cambio, era todo en ella, pero fue despreciada.

La visión patriarcal considera a los opuestos absolutos e independientes y separados. Se produce una fractura entre la conciencia y la materia que no otorga equilibrio, ni harmonía.

A propósito de la madre podríamos analizar múltiples representaciones en cine, arte y literatura desde una perspectiva psicológica, ya que la maternidad como capacidad de dar vida y quitarla, a nivel físico y metafórico, ha suscitado el interés de numerosos creadores y creadoras a lo largo de la Historia. En artículos posteriores ofreceremos una lista de ejemplos.