En Tiempos de Aletheia

El soldado de invierno, las guerras civiles infinitas y el fin del orden pos-1945

Nos encontramos al final de un ciclo sistémico de acumulación, el COVID está dando la campanada final a la actual disputa entre Estados Unidos y China por ser el centro de la economía mundial, todo indica que el 2020 cerrará con esta última como la única economía que reportará crecimiento, cuestión que contrasta con el desplome de las principales economías occidentales. Ante esta situación vale hacerse la pregunta por la continuidad del orden mundial establecido tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

 

Todo parece indicar que no será así, Estados Unidos se ha encaminado desde muy temprano en echar abajo el orden que construyó, y que le permitió ejercer el liderazgo mundial sin mayores contendientes. Desde los años setenta del siglo pasado, cuando decide quebrar los acuerdos de Bretton Woods, las reiteradas amenazas a la UNESCO, así como negarse a firmar la Carta Interamericana de Derechos Humanos, entre otras cuestiones, son una muestra de su debilidad más que de su fortaleza. Hoy más que nunca, cuando están en puertas unas elecciones presidenciales, el país atraviesa por el dilema del Capitán América.

 

En la saga Los Vengadores nos encontramos con la historia de Steve Rogers, el prototipo patriótico que lucha por la libertad del mundo, un enquencle personaje sin posibilidades de alistarse en el ejército y ser protagonista de la lucha por el nuevo orden mundial. Rogers participa de un programa experimental que lo transforma en una súper arma para, luego, portar las barras y las estrellas salvando a la humanidad de la amenaza nazi. Tras la guerra, Rogers es puesto en hibernación y devuelto al mundo más de medio siglo después.

 

Durante la segunda entrega de la saga del Capitán América, vemos a un Rogers confundido, le cuesta comprender el mundo en el que ahora se encuentra. Una confusión que intenta ser aclarada por Nick Fury, quien lo dirige a la base de operaciones de esa fuerza secreta llamada S.H.I.E.L.D, una vez allí, Fury le explica que ahora son capaces no solo de enfrentar cualquier amenaza, venga de donde venga, sino que además pueden conocer el crimen antes de que ocurra.

 

El nuevo mundo al que se enfrenta Rogers le disgusta, le parece contrario a todo aquello por lo que él había luchado, así se lo deja saber a Fury, a quien le señala que ellos (el ejército de los Estados Unidos) peleaban por la “Libertad”, por un mundo libre, y S.H.I.E.L.D representa lo contrario. Lo llamativo en la historia del Capitán América es que esta preocupación por la libertad le dura muy poco, pasa de ser un hombre preocupado por los excesos a los que ha llegado la nación por la que luchó, a otro que ya no le importa las reglas del orden que ayudó a construir.

 

En la entrega titulada Civil Guard, el Capitán América, tras el atentado que terminó con la vida del líder de Wakanda, se ve forzado a aceptar las disposiciones de una de las instituciones fundamentales del orden de posguerra, la Organización de Naciones Unidas. En el momento en el que Los Vengadores están a punto de aceptar el control previo de sus actuaciones se puede ver a un Rogers que argumenta en contra de esta posibilidad, se coloca a sí mismo y a su “capacidad de elegir” por encima del criterio de todos los países que forman la ONU, se pregunta “qué tal si nos envían a un lugar al que no queremos ir, o si nos prohiben ir a un lugar al que debemos ir”. Una pregunta que invita a recordar cómo Estados Unidos violó el derecho internacional, y sin la aprobación de la ONU se lanzó a una guerra ilegal contra Irak, mientras actúa como el juez global imponiendo medidas coercitivas unilaterales a todos aquellos estados con gobiernos que no le son afines.

 

El dilema del Capitán América se ve representado en el proyecto aparentemente contradictorio de imponer la libertad. Para su imposición no importa destruir países enteros, alentar guerras civiles infinitas en el sur global. Al final, Rogers termina sucediendo a la nostalgia, en End Game termina envejecido tras devolver una de las gemas, se decide quedarse en los años cuarenta del siglo XX, viendo los Estados Unidos que añora, dejando su emblemático escudo y el futuro en manos de un afro-estadounidense.

 

Steve Rogers personifica la historia de un país que observa, sin comprender, cómo se levanta ante sus ojos un orden en el que ya no es ni el único ni el principal protagonista.

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