En Tiempos de Aletheia

DEJAR ATRÁS EL PASADO

¡No mires hacia atrás! ¡Para superar esto debes dejar atrás el pasado y seguir hacia delante!

¿Cuántas veces hemos oído estas frases? Esta es una recomendación que se utiliza habitualmente tanto por terapeutas como por la gente en general, con la intención de animar a alguien que se encuentra en un estado emocional negativo tras una crisis, o bien para motivar al cambio a cualquier individuo que se queja continuamente de una situación en la que se encuentra enquistado.

No pensemos que esta actitud solo ocurre respecto de hechos negativos de una etapa anterior de la vida, sino que también nos encontramos a sujetos que a la menor ocasión nos vuelven a nombrar pequeños triunfos y metas alcanzadas veinte años atrás. Estos casos no suelen ser considerados como patológicos por parte de familiares y conocidos sino que se les suele etiquetar como de “personas cansinas” y que se regodean en lo que fueron, tuvieron o hicieron. Desde el punto de vista psicológico y conductual, es igual de perjudicial para su felicidad y su desarrollo personal que si mantuvieran abierta una herida dolorosa. Cuando nos preguntamos sobre la causa de este enganche sobre éxitos o experiencias interesantes vividas, hallamos cuatro posibles explicaciones:

  • Que tiene un presente nada satisfactorio y vacío. En esta respuesta estaremos englobando tanto los aspectos emocionales, laborales y vivenciales en general.
  • Que se halla en una situación de confort de la que no tiene capacidad o motivación suficiente para salir, pero que al mismo tiempo no le acaba de satisfacer.
  • Puede ser por la percepción de que “ya soy mayor para muchas cosas” y se autolimita en sus posibles iniciativas suponiendo una barrera para la activación y automotivación a la hora de plantearse nuevos retos en su vida.
  • Que se siente acomplejado ante otros y dado que posiblemente en su personalidad se encuentren pinceladas de narcisismo, necesite verse valorado con frecuencia y no teniendo en el momento actual capacidad de esfuerzo para perseguir nuevas metas prefiere referir una y otra vez “lo bueno” que fue en algo.
  • Que tiene una actitud conformista ante la vida y como consecuencia presenta un comportamiento realmente pasivo como estilo propio de funcionar a diario. Los “logros” que en su momento consiguió, o lo que él considera “logros” es muy posible que solo sean actividades propias de la época de la vida en la que se quedó atrapado y que los haya magnificado con el tiempo para no lastimar su autoestima. Un ejemplo típico es el del varón que cuenta una y otra vez lo bien que se lo pasó en la “mili” o el que relata con entusiasmo el gol que marcó en el equipo de fútbol de su barrio en el que jugaba cuando tenía 18 años.

¿Y cuándo cuentan esas emocionantes vivencias? Cuando un compañero de su misma generación, ante un grupo de iguales relata las anécdotas sucedidas en su último viaje, o las dificultades que tuvo que superar cuando corrió la última marathon la semana anterior, por ejemplo.

En el caso de que lo que ate al pasado a una persona sea el continuo recuerdo de una etapa dolorosa de su vida, una pérdida, sea del tipo que sea (personal, emocional o económica), el cual no le permita gozar del presente ni permitirse ilusiones o sueños futuros, sí es necesario sacarla de ese bucle infinito de nostalgia y malestar. Si en el párrafo anterior hablábamos de las causas que nos hacen revivir un pasado “glorioso” sin dejarnos avanzar, en el caso del pasado doloroso su origen es muy diferente. No pensemos que esa persona es masoquista y que, por lo tanto, disfruta con el dolor, aunque sí podría estar obteniendo lo que en psicología se denomina un “beneficio secundario” basado en especial por la mayor atención recibida por parte de los demás. Otra causa común es haber asentado como rasgo de personalidad tener una visión negativa de la vida que le ha tocado vivir como excusa perfecta para ocultar su poca o nula capacidad de esfuerzo. Un ejemplo de ello son las personas que de manera habitual expresan que no tienen fuerzas para enfrentarse a las dificultades cotidianas porque se han desgastado de tanto sufrir. Estas personas se suelen convertir en pequeños vampiros de energía ajena ya que continuamente están pidiendo ayuda para realizar actividades que son de su responsabilidad y de las cuales están sobradamente capacitadas de realizar.

En otras ocasiones, simplemente es que la persona sufrió un duro trauma en una época en que su autoestima no se encontraba en sus mejores cotas y no creyó en sí misma para superar ese dolor, por lo que es posible que el sentimiento de poca valía además se acompañara de culpa, bien de haber provocado la situación, imaginemos un divorcio, bien de no haber sido capaz de reaccionar a tiempo en el caso de una ruina empresarial durante una crisis económica.

Estando cargada de razón la propuesta de que se debe dejar atrás el pasado, resulta bastante difícil de ejecutar y concretar en una actitud positiva y proactiva. Voy a tratar de exponer unas pautas en las que, las personas que realmente necesitan dar ese cambio, se pueden apoyar.

  • Cerrar una puerta para abrir otra. Cuando necesitamos cambiar de rumbo para cerrar una herida debemos actuar tal y como haríamos con una herida física: limpiar y desinfectar la herida, recortar los bordes y dejar que el tejido crezca de dentro hacia afuera. Una vez cerrada mimar la cicatriz para que no se genere un queloide, que es un engrosamiento molesto del tejido cicatricial. En el plano emocional eso se hace llorando lo que haya que llorar durante un tiempo limitado (limpieza), ver objetivamente qué conductas, actitudes o decisiones se deben modificar (definir y sanar bordes), y para finalizar analizar qué dificultades reales tenemos y también qué apoyos u oportunidades se nos ofrecen. Este análisis que propongo es interno, de ser capaz de ver de manera objetiva nuestras capacidades, nuestros defectos y de las cosas que sabemos que podemos mejorar en nosotros mismos para ser más eficaces en la vida.
  • Definir objetivos y metas a corto, medio y largo plazo. Partiendo de una imagen general ideal en la que nos querríamos ver en un plazo de cinco años, por ejemplo, iremos marcando los pasos que deberemos superar para alcanzar lo que habremos considerado la meta final. Esos pasos, similares a los peldaños de una escalera deben ser extremadamente concretos para facilitar el que será nuestro plan de actuación.
  • Debemos detectar las creencias irracionales limitadoras que son las que nos impiden generar sueños y definir metas suficientemente ilusionadoras.
  • Será imprescindible a partir de este día, dejar de vivir de acuerdo a las expectativas de los demás. En una carrera de larga distancia como es la vida, uno no puede ir mirando constantemente a la velocidad a la que marchan los otros. La vida es comparable a múltiples carreras en paralelo en que cada vía tiene sus propios obstáculos y donde no podemos saltar de carril para coger el de otro. Puede que la meta sea la misma para todos: sentirse bien y feliz, pero cada uno de nosotros la alcanzará por un camino diferente. De ahí que sea inútil compararnos con los demás para saber si avanzamos a buen ritmo. La valoración de nuestro avance solo es válida si comprobamos como vamos llegando a las diferentes “metas volantes”.
  • Si interiorizamos esa forma de vivir lograremos deshacernos de la carga que supone tener dependencia emocional hacia algo o alguien y lograremos una mayor autonomía personal que es un pilar fundamental de la autoestima.

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