En Tiempos de Aletheia

Rock y descolonización. Cristóbal Colón, BlacK Metal y Otras Tonterías

La Música, en tanto obra humana, no es solo experiencia estética, es ante todo experiencia existencial. La conjugación armónica de frecuencias sonoras, expresan, representan y se asocian con experiencias que son siempre sociales, hay música para todos los momentos.

Así pues, la música es un hecho social y como tal se entreteje en los vaivenes de la vida social. Hay música para bailar, música para llorar y música para luchar. El Rock, como sabemos, es fundamentalmente música para luchar. Aquí la cuestión es, entonces, qué es aquello contra lo cual se lucha, de dónde provienen las fuerzas para esas luchas.

El Rock y el metal, antes de ser arrancados de su carácter de obra humana, antes de convertirse en el fetiche administrado por los cárteles de la música, es canto del negro y la negra en las plantaciones de algodón, es hierro forjado en los yunques industriales, es ritmo de martillos en las manos de la clase obrera, es fuego que se levanta en llamas desde las cenizas de iglesias bajo las luces del norte.

Algodón, engranajes y cruces son los elementos que tejen las historias de hombres y mujeres que han sido sometidos a regímenes de explotación/dominación diferenciados en el proceso de constitución del sistema mundo moderno/colonial, un orden social que alcanza hoy escala planetaria y que es nuestro enemigo común, un orden social históricamente constituido y desplegado en el momento en el que cierto navegante genovés llego a Nuestramérica.

Cristóbal Colón inaugura una civilización que hunde sus cimientos en la negación de la humanidad de todo aquello que no cumpla con el canon europeo-blanco-cristiano. Esto sucederá desde el mismo momento en el que se define y sentencia a la población de nuestro continente como seres sin religión, lo que en el siglo XV implicaba que estos seres no eran humanos. Sobre la base de esa afirmación se inició el proceso de clasificación de todas las poblaciones del mundo, Incluidas aquellas que habitaban los pueblos barbaros del Norte con sus religiones paganas.

Cristiandad y capitalismo avanzaron en el mundo con la espada y la cruz, trayendo el genocidio/holocausto indígena y la esclavitud y muerte simbólica y física de miles y millones de pueblos africanos, así en América surgieron formas de espiritualidad, de eróticas y de estéticas propias de los procesos de colonización y resistencia a los que fueron sometidos estas poblaciones. Así nace la Salsa, el Joropo, el Tango. etc., la Música como expresión de transformación de la lógica del colonizador, la música surgida, no como mercancía sino del dolor de los pueblos conquistados, como expresión existencial de esa herida colonial producto del parto civilizatorio que significó el nacimiento de la matriz colonial del poder.

En tal sentido, no es azar que la historia del Black Metal se iniciara donde lo hizo. Esto es desde el profundo sentimiento nacionalista de pueblos que en su historia reciente recuerdan la incursión del mundo europeo, las invasiones durante la Segunda y Primera guerra mundial, tienen su antecedente en la expansión de la Cristiandad que sepultó en hielos nórdicos las antiguas espiritualidades. El Black Metal se inscribe en la respuesta cultural tras la nueva amenaza, la contemporánea, la Unión Europea. Una amenaza que esta vez no se presenta bajo la Cruz sino bajo el Euro, recordemos que Noruega no es miembro pleno de la UE.

El Black Metal significó la respuesta nacionalista que emerge desde la ancestralidad nórdica, y por eso es profundamente anti-cristiano (deberíamos decir anticristiandad), desafortunadamente este nacionalismo bebió del Eurocentrismo y terminó alabando a Nietzsche, a Hitler y Satán. Sin embargo, en sus orígenes, resultaba potencialmente un ejercicio de descolonización.

Personalmente pienso que el movimiento que devino en Viking Metal puede retomar el potencial descolonizador que se perdió cuando el Black Metal se mostró como Black Metal-NS. La fuerza que significó la ruptura estética, erótica y espiritual de un intento cultural por recordar los mundos asesinados con la expansión del cristianismo eurocéntrico fue derrotada por movimientos Neo-Nazis. Sim embargo, el potencial descolonizador continúa estando presente, y es posible la armonía entre Black Metal y las frecuencias sonoras del Mar Caribe, de la Pampa, la Selva, el vuelo del cóndor andino o incluso con Jesucristo, no es descabellado, es la armonía que se produce cuando los pueblos se juntan en la frecuencia anti-colonial.

La música como conjunción física de sonidos es neutral pero, como configuración cultural, es histórica y existencial; es la expresión de intereses para la dominación o para la descolonización. Cuando la música es objetivada del mundo, como experiencia estética sin más, se convierte en un fetiche.

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