En Tiempos de Aletheia

CAMBIO CLIMÁTICO. EL ALBEDO Y EL PERMAFROST

 

El profundo deterioro que el planeta Tierra está sufriendo no solo repercutirá en episodios meteorológicos de carácter extremo, como probabilidad de sufrir elevadas olas de calor, tormentas muy intensas que producirán enormes desastres o inundaciones con la correspondiente subida del nivel del mar, sino que existen otros holocaustos que vendrán que, en mayor o menor medida, asomarán si la conciencia no se asienta como una actitud primordial.

A medida que se vaya calentando el Ártico, las diferentes zonas glaciales o lugares donde la congelación sea importante, el hielo comenzará a retroceder, y con ello, producirá dos efectos directos. Estos efectos son el principio de una tragedia a gran escala.

  • En un primer lugar: Al albergar el planeta Tierra menos zonas de hielo, será menor la capacidad para poder reflejar la radiación. A esto se le denomina “efecto albedo”.
  • En segundo lugar. Al descongelarse el permafrost, se liberará metano y CO2, acumulados después de miles de años. Y de igual manera, se activarán patógenos que permanecen en un estado invernadero.

 

Pasemos a continuación a definir de manera sencilla y clara el albedo y el permafrost, con la intención de comprender el verdadero y drástico alcance de esos dos efectos directos producidos por el deterioro que sufre el planeta Tierra.

 

El albedo

Es el porcentaje de radiación que toda superficie, clara u oscura, refleja en relación a la radiación que incide sobre ella.

Las superficies con tonalidad más clara tienen valores de albedo muy superiores a las superficies con tonalidades más oscuras. El albedo medio de la Tierra es de un 37-39% de la radiación que procede del sol.

La importancia del albedo en el calentamiento del planeta se da porque un albedo alto lo enfría, debido a que la radiación absorbida es mínima porque mayormente la refleja. Mientras que un albedo demasiado bajo, realiza el efecto contrario: la mayor parte de la radiación es absorbida y es poca la reflejada.

 

El permafrost

A grandes rasgos, y sin querer entrar en definiciones científicas, el permafrost es suelo y subsuelo congelado, generalmente en regiones frías o glaciares que, de una u otra manera, han permanecido en ese estado durante miles de años.

El permafrost se divide, básicamente, en dos capas o zonas. Una primera capa más superficial, que está continuamente activa y que se suele descongelar y congelar en función de las temporadas. Y otra capa por debajo de esta, más profunda, que lleva congelada durante miles de años y que acumula tanto los gases contaminantes como esos microorganismos de los que no para de advertirnos la comunidad científica.

En el permafrost se encuentran acumulados billones de toneladas de CO2 y metano. El deshielo producirá que todos esos gases salgan al exterior. Y de igual manera, según han indicado en múltiples ocasiones desde diferentes ámbitos científicos, se liberarán otros patógenos de los que no se tiene conocimiento alguno. O en el caso de tenerlo, la actuación y prevención ante ellos presentará enormes dificultades, y sí, por otro lado, consecuencias devastadoras para la humanidad. Un ejemplo bastante reciente es lo sucedido con el ántrax liberado en Siberia en 2016. Hay que tener en cuenta que el hielo, acumulado durante miles de años, alberga cientos de microorganismos de otras épocas a los que no somos ni estamos inmunizados y que, en algún momento de la historia, llegaron a producir epidemias letales. Esas bacterias, según la comunidad científica, probablemente no estén activas, pero llegado el momento, cuando las condiciones ambientales sean idóneas, se reactivarán.

En definitiva, mientras la capa más superficial o zona activa esté continuamente en proceso de congelación y descongelación en función de la temporada correspondiente, probablemente, no incida en la capa profunda que alberga los gases y los patógenos, o lo haga de manera leve. En el instante en que esa capa superficial deje de sostener su naturaleza y la congelación no se produzca en la temporada correspondiente, el deshielo se trasladará y azotará de forma nefasta en la capa profunda, abriendo “la caja de Pandora”, y ello liberará los gases y activará los microorganismos.

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