En Tiempos de Aletheia

¿Qué condiciones posibilitaron el surgimiento de la ciencia en Grecia? ¿Qué significan los Elementos de Euclides en la historia de las matemáticas?

Toda pregunta condiciona un conjunto de posibles respuestas, cuando no impone una sola, por ello la conversación que se construye sin detenerse en los términos que la condicionan deviene en una cuestión retórica, una situación en la que la lógica que subyace a los condicionantes permanece invisible. En este sentido, se intentará, en las próximas líneas, mirar los límites que establecen cómo y qué es lo que se puede conversar cuando se habla sobre el origen de la ciencia.

Las preguntas apuntadas en el encabezado de este ensayo suponen un relato que resulta en su condición de posibilidad, este relato tiene tanto implicaciones de orden histórico mundial, es decir, en el cómo se entiende la historia de la humanidad, así como consecuencias epistemológicas, lo que supone alguna definición particular sobre aquello que se entiende por conocimiento, pero también implican suposiciones ontológicas y hasta éticas.

La pregunta sobre el origen griego de la ciencia supone, como punto de partida, dar por válido el helenocentrismo de lo que Martin Bernal[1] llama el Modelo ario de historia universal, se trata de un relato que se configura a partir de cuatro procesos fundamentales en la construcción secular de la identidad europea y del Eurocentrismo. Así, la idea de progreso, el romanticismo, la defensa del cristianismo y el racismo constituyen el paisaje en el que se produce un relato a través del que una Grecia “blanca” es posicionada como el origen de todo, frente a Egipto en el norte de África que resulta cuando mucho una anécdota. La idea de que la ciencia tiene su origen en Grecia ha sido fundamental para conciliar los dos sistemas de creencias que, en apariencia, conviven de manera contradictoria en el proyecto civilizatorio occidental: la cristiandad y la modernidad secular. Un relato para el que la figura de Euclides ha sido fundamental.

Ubicar el origen de la ciencia en Grecia no es una cuestión meramente heurística, tiene sentido dentro de las transformaciones que en Europa se iniciaron con la Escolástica tomista y posteriormente con las consecuencias seculares de la Reforma protestante, hablamos de un relato que emerge en el momento en el que se está construyendo el orden disciplinario decimonónico. La versión secular del helenocentrismo es una continuación de un helenocentrismo escolástico cómodo con los griegos precristianos y enfrentado con los griegos de Alejandría, contemporáneos al Concilio de Nicea.

El helonocentrismo de tipo secular ha contribuido a construir la imagen de una ciencia occidentalizada que pretende desprenderse de sus contenidos y vínculos con la metafísica de la cristiandad[2] y, por tanto, es fundamental para la construcción del universalismo, para el paso de un universalismo de la cristiandad al universalismo de la modernidad. Sin embargo, precisamente esta continuidad universalista, que primero condiciona el privilegio teológico de la cristiandad, la que condiciona el privilegio epistémico que ha permitido a Occidente, en nombre de la ciencia, darle continuidad a los genocidios realizados por la cristiandad, es el relato que explica a Hitler, que explica el predominio de la razón instrumental y del mercado (acumulación incesante de capital) como causa final.

Resulta, a este punto, fundamental señalar que aquello entendido, en estas líneas, por “ciencia” parte de comprender que esta es, antetodo, un sistema de creencias[3], en el que la validez de los argumentos deviene de cumplir tres condiciones: (1) la contrastación, digamos, empírica; (2) ser coherente en sí mismo y con las teorías al uso; pero más importante es (3): tener valor de conformalidad (conformality), que no contravenga el sistema de valores.

Un buen ejemplo de ello es la diferencia entre un Copérnico cuyo modelo astronómico se levanta contra las creencias generales, y por ende contra la institucionalidad sostenida por dichas creencias, mientras el universo mecánico newtoniano y la teológica subyacente a la idea de fuerza, que para nada atentaban contra la idea de un gran arquitecto o dios que diseña el mundo como un relojero diseña los mecanismos de un reloj. Diferencias que explican mutatis mutandis en el modo en el que ambos fueron recibidos.

Entonces, preguntarnos por el origen de la ciencia, es preguntarnos por qué es la ciencia, más importante, qué es la ciencia occidentalizada, cuál es su relación con aquello que llamamos Razón. Plantear preguntas como las anteriores, requiere cuestionar la cotidianidad con la que suele referirse a las tradiciones de los pueblos “sin historia” como etnociencias, ciencia china, ciencia “árabe” o “islámica”, mientras aquello que se produce en Occidente como ciencia no lleva nunca apellido “étnico”, y cuando lleva alguno, se trata de uno secular, ciencia moderna, esto produce un silencio en el que la figura de Euclides es fundamental.

Euclides es un personaje del cual sabemos nada, o casi nada. Thomas Heath[4], considerado una autoridad en la materia afirma que: “All our Greek text of the Elements up to a century ago… purport in their titles to be either ‘from edition of Theon’… or ‘from the lectures of Theon’, además, señala que el nombre de Euclides no aparece en los comentarios en griego, estos “commonlly speak of the writer of the Elements instead of using his name”[5].

A pesar de este “conocimiento” sobre el personaje Euclides, hoy por hoy se repite por todas partes que este fue el padre de la Geometría, pocos se preguntan por qué el nombre del autor no es mencionado en los Manuscritos de los Elementos, será porque no era costumbre hacerlo, la evidencia textual demuestra que no. Se trata de una historia un tanto larga a la que ahora no hay espacio para contar, una historia vinculada a la purga ocurrida en Alejandría y al contexto teológico del primer Concilio de Nicea, sin embargo, vale señalar que el nombre de Euclides inicia su periplo durante las Cruzadas, en el momento en el que la cristiandad deja de condenar a la filosofía, apropiándose de esta y apropiándose con ello de la Razón, es el momento en que la historia occidental de la filosofía se llama Escolástica.

 

La escolástica emerge en un contexto geopolítico difícil para la cristiandad, y la figura de Euclides será fundamental para conciliar estratégicamente aquello que se ha de entender por razón y su relación con la revelación. Es la cristiandad la que necesita construir argumentos irrefutables más allá de cualquier realidad, es el momento en el que se levanta la prohibición sobre la reproducción de imágenes y es el momento en el que la cristiandad recibió las matemáticas que habían desarrollado otras civilizaciones.

Todo apunta a que fue durante esta apropiación, que la cristiandad transforma los Elementos en una obra escrita por un griego de tiempos pre-cristianos, una obra en la que se describen teoremas y axiomas asumidos fundamentales para aquello que comenzará a llamarse matemáticas y que tendrá su capítulo secular con el nacimiento de matemática analítica[6].

Lo expuesto hasta ahora permite adelantar, a modo de conclusión, que plantearse responder a: ¿Qué condiciones posibilitaron el surgimiento de la ciencia en Grecia? ¿Qué significan los Elementos de Euclides en la historia de las matemáticas? Implica dar por válido el modelo ario de historia universal, un relato que informa, y es informado, por el darwinismo social, el racismo biologicista, el sexismo-racismo del romanticismo alemán y el humanismo francés, el racismo culturalista post-holocausto, ideologías todas pasadas por científicas y que nos llaman a reflexionar qué es esa cosa llamada ciencia, pero más aún, qué es es cosa llamada ciencia occidental.

Como toda pregunta, estas hablan más del lugar desde donde se formulan que sobre las propias respuestas que buscan, se trata de una geopolítica del conocimiento que consiste en tener en cuenta que las interrogaciones sobre el pasado se hacen desde posicionalidades en el presente. En este caso en particular, son preguntas que, en su formulación, operan de manera performativa, produciendo el privilegio epistémico de Occidente; se trata de, como diría el historiador Eric Hobsbawm, la “invención de una tradición”.

La ciencia no inicia en Grecia, porque ni la palabra es de origen griego, una genealogía de la Ciencia occidentalizada daría cuenta del paralelismo entre esta y la genealogía del monoteísmo[7], una relato para el que Euclides ha sido un “personaje” fundamental, así como resulta fundamental para la cristianización de las matemáticas.

[1]Bernal, Martin Black Athena, The Afroasiatic Roots of Classical Civilization: The Frabication of Ancient Greece 1785-1985. Vol I. Rutgers University Press. Estados Unidos. 2003

[2]Grosfoguel, Ramón “Descolonizando los universalismo occidentales: el pluriversalismo transmoderno decolonial desde Aimé Césaire hasta los zapatistas” En: Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel: El giro Decolonial: reflexiones para una diversidad epistémico más allá del capitalismo global. Siglo del Hombre Editores, Bógota. 2007

[3]Blaut, J.M (1993): The Colonizer’s model of the world: Geographical diffusionism and eurocentric history. The Guilford Press. New York/London

[4]En Raju, C,K Euclid and Jesus. How and why the church changed mathematics and Christianity across two religions war. Multiversity and Citizens International Pág. 14

[5]Ibidem. Pág 15.

[6]Ob.cit. Raju, C,K Euclid and Jesus…

[7]Prado, Abdenur Genealogía del monoteísmo, la religión como dispositivo colonial. AKAL, 2018.

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