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UNA LITERATURA QUE DA QUE PENSAR

Puede parecer que la Literatura y la Filosofía son dos disciplinas que no tienen relación alguna visto desde la perspectiva de cualquier lector ordinario. Pero si pensamos en algunas de las preocupaciones filosóficas por antonomasia, encontramos que también son las preocupaciones de los clásicos de la literatura manifestadas en los diferentes géneros, ya sea en el de la poesía, el de la narrativa, o el del teatro.

En el uso del lenguaje propiamente más literario también se pueden esconder todas esas preguntas existenciales que desde su origen han preocupado a la disciplina filosófica y al ser humano más concretamente, ya que es la forma en que expresa sus inquietudes trascendentales. Siendo incluso más posible encontrar las consecuentes respuestas y no solo dichas preguntas.

No es de extrañar, pues, y aunque en un inicio sorprende el modo, o género de expresión escogido, que el conocido filósofo griego del siglo VI antes de Cristo, Parménides, ya lo contemplara de este modo y fuera el pionero en esta aventura de plasmar ideas profundamente filosóficas, ontológicas en dicho caso, en un poema. Es cierto, que los más familiarizados con el género lírico señalarán, seguramente, que el mencionado poema no contiene una riqueza en figuras retóricas, y que no posee un lenguaje cuya función poética sea brillante, pero lo que no se puede cuestionar es su valor teórico, o la importancia que se le otorga a su contenido; es bien sabido que formula una teoría ontológica fundamental en la Historia del pensamiento de Occidente, tanto del pensamiento propiamente filosófico como del religioso. Cosa lógica esto último, dicho sea de paso, ya que no dejan de tener, por cierto, un mismo origen.

Hagamos mención de alguno de los escritores más representativos de las letras españolas, dado que estas son las más conocidas por nosotros, y no porque no suceda en otras, y pongamos de manifiesto que la idea que aquí se defiende se puede evidenciar en un gran número de textos a lo largo de toda nuestra Historia de la Literatura.

Pensemos en primer lugar, por ejemplo, en el Humanismo, movimiento cultural renacentista que centra su mirada en el ser humano y en su capacidad racional. Podemos citar en referencia a las influencias de este movimiento las famosas Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique, centradas en el dolor por la muerte de su padre. Es este un poema fúnebre que se debe a la conciencia de muerte que el autor tiene en ese momento motivada por la pérdida de un ser querido. Esta elegía se centra o se asemeja, haciendo uso de una analogía en términos filosóficos, en el ser para la muerte heideggeriano del siglo XX. Para entendernos, en el ser que siendo consciente del poder igualador e ineludible de la muerte, de la suya propia o la de un familiar, pasa a convertirse en un ser que no solo está en el mundo, sino que es en el mundo y de un modo temporal, el famoso dasein de la filosofía del existencialista Martin Heidegger en su obra principal Sein und Zeit de 1927. La muerte, en estas Coplas manriqueñas, deja de ser un proceso liberador de carga terrenal mundana, en sentido religioso medieval, y es entendido como un zarpazo a la existencia del ser humano comportando su consecuente toma de conciencia y carga psicológica. Un ser arrojado a un mundo al que debe darle sentido y formar parte a su vez del proceso creador de su esencia.

Otro ejemplo claro donde se muestra esta profundidad en la obra literaria sobre cuestiones metafísicas, y en este caso ya ampliamente estudiado por la relevancia del texto en cuestión, es en la novela cumbre de la literatura de este país: El Quijote. Un protagonista que nos lleva a alcanzar unas interesantes reflexiones sobre las cuestiones más intrínsecas a lo esencial del ser humano, que quizá se le escaparon al propio autor de la obra, como algunos pensadores han señalado; Miguel de Unamuno vino a decir que el inconveniente que tenía esta obra era que su autor no entendía el personaje principal, bromas a parte; El hidalgo caballero, que en el intento de deshacer agravios, como él mismo dice, lucha por unos ideales que chocan continuamente con la realidad y sale mal parado una y otra vez sin cesar en su lucha. En esta batalla diaria, el protagonista sufre continuos y duros golpes debido a la falta de correspondencia entre lo que se le aparece siendo el mundo y lo que en verdad es. Encarna una lucha inútil contra las famosas sombras de la caverna de Platón, una batalla perdida desde el inicio de sus andanzas, y triste porque no es la lucha contra el origen del problema sino contra lo que aparenta serlo. Es inútil, además, por otro motivo, que aún enaltece menos a la humanidad, por el de la lucha contra los fines egoístas de quienes le acompañan y de quienes se va encontrando en sus andanzas. Esconde una visión pesimista del mundo enmascarada en la parodia de los episodios narrados, y una denuncia a la humanidad, cuyos valores quedan lejos de lo honorable. Aquel que pretende luchar por esos valores queda ridiculizado continuamente por la búsqueda de unos bienes que no se corresponden con las prioridades de la vida de los otros. Es un libro, a mí parecer, en esencia profundamente trágico, envuelto por un halo de aparente divertimento.

Y, continuando con el sentido trágico de la vida, hay otras obras literarias que pueden ser interpretadas desde la Filosofía, mencionemos el caso de Pedro Calderón de la Barca, de sus dramas filosóficos y de su más conocido poema La vida es sueño, donde trata el tema de la libertad y el determinismo fruto de un destino, el tema de la realidad que no aparece siendo lo que verdaderamente es, o lo que es lo mismo, la aletheia como el encubrimiento o el velo que esconde tras de sí la auténtica verdad. Calderón es un autor que se ha tenido en cuenta en la filosofía, Arthur Schopenhauer habla de él en su obra Die Welt als Wille und Vorstellung (El mundo como voluntad y representación), de 1819.

Si continuamos con este recorrido vemos que evidentemente la Literatura trata, o de un modo subrepticio o abordándolos abiertamente también, los temas transcendentales que propiamente son cuestiones que problematiza la Filosofía. Pensemos en el poeta romántico José de Espronceda y el canto que hace a la libertad en su famosa Canción del pirata, o en los artículos que Mariano José de Larra, quien además logra impulsar sus escritos como nuevo género literario, o en el teatro del humor del siglo XX, en autores como Miguel Mihura que, con su comedia Tres sombreros de copa, dramatiza sobre la contraposición de dos mundos, la falsedad de las apariencias, la angustia existencial de la toma de decisiones del protagonista, los falsos ídolos o prejuicios que prevalecen en la sociedad de la época, la lucha entre lo apolíneo y lo dionisíaco, etc.

Y es que no solo encontramos filosofía en la Literatura, sino que a veces la Filosofía se nos presenta como Literatura, dejando esta línea, que aparentemente las separa, difuminada. De hecho esta cuestión implica como motivo de discusión la inclusión o la exclusión de algunos autores en la Historia de la Filosofía. ¿Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset deberían estudiarse dentro del programa de las Universidades de Filosofía o son solo literatos con algunas ideas profundas? ¿Y Friedrich Nietzsche? ¿Ha de considerarse un filósofo influyente a pesar de no proponer en sus obras un sistema filosófico con el rigor y la sistematicidad que se hallan en otros filósofos? Es evidente que cada uno puede pensar como quiera, y que sobre esta cuestión no cabrá la conformidad de las partes implicadas en el debate. Pero eso no desmerece el conocimiento y reflexión sobre el asunto, que cada uno extraiga sus conclusiones y que estas sean motivo de reflexión es suficiente consuelo para una amante de la Filosofía.

 

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