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LA UTILIDAD ATEMPORAL DE LA FILOSOFÍA

En estos días que corren se discute sobre la utilidad actual de la Filosofía, su frágil estabilidad en los programas de educación secundaria y bachillerato, e incluso los más osados se cuestionan si merece la pena que forme parte de nuestras vidas. Aquellos que defienden su inutilidad y la consecuente posibilidad de prescindir de esta se justifican diciendo que otras disciplinas, como la Ciencia, han ocupado paulatinamente su lugar, haciéndola perder importancia por inservible e improductiva. Pero, si nos paramos a pensar en dicha cuestión, resulta que la controversia sobre la necesidad de la Filosofía no es, sin embargo, ni una cuestión tan novedosa ni tan transgresora como pueda parecer a primera vista, especialmente para los no interesados en el tema.

Es posible justificar esta afirmación de que la discusión no es actual con referencias a filósofos de elevado reconocimiento y prestigio dentro del mundo de la Filosofía y el pensamiento como puede ser, y me viene siempre a la mente cada vez que aludo a esta cuestión, el texto ¿Para qué sirve la Filosofía? de los filósofos franceses Gilles Deleuze y el también psicoanalista Félix Guattari del siglo XX. Este texto breve, provocador, conciso, claro, agresivo, insultante si se quiere, como la filosofía misma, que además no necesita para su comprensión de un gran conocimiento del tema, y apto por ello para cualquier principiante de la materia, sirve como defensa de la necesidad “sin lugar a dudas” de la Filosofía, dejando por necio a aquel que ose preguntarse por su utilidad, pregunta a la que todo licenciado en Filosofía se ha sometido cientos de veces, incluso antes de serlo.

Ese texto me resulta perfecto si se quiere hacer una introducción a los grandes temas de esta disciplina, al cuestionamiento de la realidad, de los valores, del sistema de gobierno, de los fundamentos del conocimiento, etc. En las primeras sesiones de clase de primero bachillerato siempre lo utilizo porque invita a los alumnos a pensar libremente, a mantener una actitud crítica de la realidad, a cuestionar tanto lo que ya saben como lo que se les va a decir durante los dos cursos, a la reflexión sobre cuestiones vitales de su existencia, a todo eso que cualquier filósofo está dispuesto muy gustosamente a preguntarse.

Pero, no es nueva la propuesta, que da sentido a la Filosofía, de invitar al pensamiento individual al margen de lo que se ha aprendido o de lo que se ha aceptado a lo largo de los años como verdades indudables e incuestionables.  Podemos argumentar dicha afirmación también con otro texto, incluso más conocido que el anterior, el del filósofo Inmanuel Kant ¿Qué es la Ilustración?, en el que nos invita a pensar por nosotros mismos enfrentándonos a los miedos e incomodidades que eso supone y a superar de este modo la minoría de edad en la que el ser humano se acomoda y es capaz de vivir toda su vida. ¡Sapere aude! o ¡Atrévete a pensar! Esperanzador lema para una clase de filosofía. Lástima que algunos lo cuestionen como prescindible ya sea por ignorancia o vaya usted a saber por qué otros motivos menos honrados que el anterior.

Magistrales textos estos y otros de la historia de la Filosofía que han dado respuesta a esta cuestión y han querido ilustrarla. Y es que, a estas alturas, ¿alguien puede poner en duda la necesidad del pensamiento?, o lo que es lo mismo, ¿alguien puede dudar del uso de la razón en su sentido crítico y especulativo?

Digamos que esta última pregunta se podría resolver mediante el método cartesiano pasando a realizar un análisis de la misma, desglosándola en diferentes subpreguntas que hagan, a su vez, más fácil su análisis y posterior síntesis de las partes más elementales, claras y distintas, que resuelva la compleja cuestión inicial. La primera subpregunta en que podríamos descomponer la inicial podría ser, por ejemplo, la siguiente: ¿es el ser humano un ser vivo que pueda sobrevivir sin hacer uso de su razón? Pregunta a la que obviamente será difícil responder negativamente si la planteamos en sentido biológico, ya que es indudable que la razón nos proporciona las estrategias necesarias para alcanzar los recursos que satisfacen las necesidades primarias de esta especie desvalida y carente, en cierto sentido, de instintos, que es el ser humano. Luego, podemos decir que es afirmativa la respuesta a esta primera subpregunta en la que se plantea la necesidad del uso práctico de la razón (tomando prestados algunos de los términos de la filosofía kantiana aunque en otro sentido). La otra subpregunta podría ser, ¿qué sucede cuando ya tenemos esos recursos al alcance y nos queda tiempo para el ocio o entretenimiento? Pues caben dos posibles opciones ante esta situación. Es decir, por un lado, la del entretenimiento vacuo, u otra posibilidad, que más tiene que ver con el segundo uso de la razón, el entretenimiento que crea realidad. Llamemos uso teórico de la razón a este segundo uso, discúlpenme por volver a recurrir a términos ya usados en este ámbito.  Por lo tanto, ¿es necesario este uso tanto como el primero? y, de nuevo, se nos presenta a la mente la respuesta afirmativa como clara y distinta. Sí. Pues es en ese momento justo, en el momento en que el ser humano da descanso a su uso práctico de la razón porque ha conseguido tener al abasto los recursos es cuando surge el pensamiento crítico, el ansia de conocer, de tener respuestas, en definitiva, la Filosofía y su construcción de la realidad.

Por último y para acabar de entender su utilidad, cabría diferenciarla de otra disciplina, de la cual desde su surgimiento y por tiempo han permanecido unidas, pero en esencia diferenciadas a la vez, la Ciencia. Siendo la Filosofía, al igual que la Ciencia, productos del uso teórico o especulativo de la razón, digamos que se diferencian principalmente en que la primera no se conforma con teorizar, descubrir, especular, observar, formular hipótesis, refutar, … sino que se cuestiona lo que hay. Engloba, además, las otras disciplinas porque teoriza sobre el modo de hacer de las mismas situándose en un plano metateórico en el que ninguna otra disciplina se halla. Y es este hecho, junto al cuestionamiento de la realidad y posterior construcción de la misma, antes mencionado, el que la hace distinguirse de cualquier otra disciplina por exclusiva y única, de ahí su innegable necesidad y su imposibilidad para ser reducida o asimilada por la Ciencia.

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