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Los idus de marzo (coronavirus y metapolítica)

Todo iba bien y los Idus Martii se presentaban, como de costumbre, fastos. Llenos de gozo y felices de tener ombligo observábamos displicentes las tribulaciones del chino en China que esporádicamente nos ofrecían las pantallas de nuestros dispositivos allí fabricados: un escalofrío imperceptible, un divertimento más, un espectáculo lejano y exótico como siempre han sido y ¿serán? para nosotros las cosas de Oriente. Entretanto, atónitos los menos y regocijados los más, en medio de un general y festivo desconcierto, asistíamos a una nueva y singular rebelión: la de los ricos. Ya no era Espartaco sino Craso quien rompía sus cadenas y gritaba: ¡Libertad! “Brexites”, “pruseses”, “mejicamuros”… por todas partes la misma consigna: UK First!, ¡Espanya ens roba! ¡Sobre eso ya tal! America First! ¡No es no! ¡Sí es sí! ¡Tararí que te vi! I, me, mine!

Tiempos de arribistas y bienpagás, de bigdatas y fakenews, de sombras que suplantan al objeto que las crea ocultando la luz que las provoca, de rufianismo rampante en ciento cuarenta caracteres, de tente mientras cobro y de ¿qué hay de lo mío?, de cuadratura del círculo y construcción de mesas imposibles, de regulación del piropo y ofrecimiento de larguísimas longanizas con las que atar a los perros. Liquidez era la consigna de los tiempos: principios solubles, género fluido, flotación y vaivén a izquierda y derecha, y “donde dije digo digo Diego”. Plastilina y cartón piedra, simulacro, espectáculo, series y redes, dos papas, dos reyes y venga selfi, y venga tele, y que todo se reduzca a un suave deslizamiento del ojo sobre la superficie de la imagen. Ingravidez, propaganda necia y consignas vacías. Perpetua agitación sin finalidad ni horizonte, pues no cabe destino donde no existe propósito… ¡fluir!, ¡flotar! y, sobre todo, ¡que no farte de ná!,

Y, sí, cierto es que con voz oscura y severa lo advirtió el ciego adivino: “¡Cuidaos de los Idus de Marzo!”, pero ¡¿a qué prestar oídos a tan extemporánea admonición?! Y, sí, también es cierto que Calpurnia tuvo esa noche un sueño, pero, en tiempo tan feliz como el presente, ¿por qué habría un sueño de inquietarnos? ¿No basta acaso un meme ingenioso para invocar la risa y desbaratar todo pesar sin mucho pensar? Y, sí, con buen ánimo y mejor disposición, felices caminamos hacia el Senado, dispuestos como siempre a festejar nuestro ombligo. Y, sí, al ciego adivino, satisfechos y burlones, le dijimos: “Los Idus de Marzo ya han llegado…” a lo que, esta vez, en tono compasivo y algo triste, respondió: “Sí, pero aún no han acabado”.

Ahora decidme, ¿cabía imaginar la dureza del golpe asestado por la legión de minúsculas dagas que aguardaba el momento propicio emboscada en las sombras? Pues vedlo: con brutal y sorda violencia cesó el alboroto y ya no hay ni Circo ni Templo. Súbitamente terminó el festejo y, a ras de suelo, todo es quietud y silencio. Sin esperanza esperamos al pelotón de soldados que venga a salvarnos y quizá, ovis Idulius, a un Augusto y a un nuevo Imperio. Y, sobre todo, a como acabarán estos Idus de Marzo.

 

Nota: En el calendario romano los idus eran días de buena suerte, caían los días 15 de marzo, mayo, julio y octubre y en el resto de meses en el día 13.

Los idus de marzo son conocidos por el asesinato de Julio César, que fue un 15 de marzo del año 44 a.C.

Julio César fue advertido por Artemidoro, oniromante, adivino que interpretaba los sueños. Ese día Julio César se rio del adivino diciéndole “Los idus de marzo ya han llegado”, el adivino le contestó: “Sí, pero no se han ido”. Instantes después fue asesinado en el senado recibiendo innumerables puñaladas, mediada por una conspiración de Casio y Brutus.

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