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LA MEJOR MANERA DE VIAJAR

Decía Heidegger, o al menos eso creo recordar, que no saldríamos de esta perpetua maldición de la barbarie si no cruzábamos una pasarela entre la mente y el corazón, entre la inteligencia y el amor. Creo que busco esa pasarela en la lectura desde que era niño, cruzar una y otra vez esa pasarela en el territorio del alma sin llegar nunca a cruzarla del todo. Ahora leo menos, pero este año me han abierto la pasarela unos cuantos libros, muy diferentes entre sí, por cierto, como Un frío de muerte, thriller gótico de la serie del detective Charlie Parker de John Connolly, los cuentos de Lucia Berlín, mi descubrimiento del año, un par de la serie autobiográfica Mi lucha, del noruego Karl Ove Knausgard, Serotonina del contumaz iconoclasta Michel Houellebecq, Perfidia del James Ellroy o los deliciosos microrrelatos del Etéreos de Belén Lorenzo.

Ahora ya no sobreargumento en función de lo que estoy leyendo, pero me siguen emocionando los autores que se embarcan en esa emigración interior que es la escritura; unos en yates de lujo, otros en pateras. Decía Pessoa que la mejor manera de viajar es sentir, y yo sigo creyendo que la mejor manera de sentir es leer. Bueno, en fin.

 

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