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¿Por qué permanecen cerrados los centros de salud en tiempos de epidemias?

No soy sanitario ni jamás pertenecí ni tuve vínculo alguno con la sanidad. Es por ello que no voy a entrar en cómo lo haría un verdadero profesional en esta materia, pero sí voy a entrar en los derechos en que la ley me asiste al igual que a todos los españolitos de a pie que gastan la suela de los zapatos en el asfalto, la gente corriente, en definitiva, los más débiles. Estas manifestaciones son consecuencia de que, aun teniendo en parte razón por el impacto de la COVID-19, condicionando una suspensión general programada de los Centros de Salud de Atención Primaria porque así lo entiendió el “Consejo de sabios”. Lo que no comparto, considerando que el 95% de los centros de salud del occidente de Asturias permanecen cerrados no sin cierta polémica, pues fueron y son muchos los pacientes a los que se les suspendió la Atención Primaria estando afectados por determinadas patologías a la espera de ser atendidos para pruebas de revisión en consulta, intervenciones quirúrgicas programadas, etc., y se han visto afectados como pacientes por desconocer su evolución clínica, el diagnóstico o la posibilidad de una solución de su dolencia.

Cierto es que los servicios sanitarios han tenido muchas semanas de intensa actividad asistencial y que algún profesional sanitario ha estado al límite. Entonces pregunto: ¿Alguien sabe para cuándo se producirá la vuelta a una normalidad nunca experimentada? ¿Es posible que se produzca en base a la paulatina aplicación de las medidas de seguridad y, por supuesto, la derogación de la normativa existente? Todo ello pienso que dependerá del comportamiento de la ciudadanía que, debido a la dispersión de la planificación que los responsables políticos han considerado oportuna, pero que, en nuestro país, como siempre ha sucedido, la improvisación y la falta de consenso conlleva el grave perjuicio, sobre todo, el de las personas mayores dependientes, internadas en residencias públicas o privadas.

La conclusión que se puede sacar de esto es que, por mucho tiempo que transcurra, no aprenderemos.

Las necesidades asistenciales que en relación a la incidencia de la infección pueda presentar, la planificación debe ser flexible y marcándose un reto. La ciudadanía es consciente de que necesita tener mayor influencia en la política y, por supuesto, mayor acceso a los recursos, tomando una posición de presión al gobierno haciéndole ver los riesgos que afectan a sus vidas y a su salud.

Los órganos gestores de la salud en España, pese a lo que digan de la calidad de la sanidad, debieran tener una conciencia más crítica y comprender que les lleva a ganar más influencia política. Bueno sería tomar ejemplo de algunos movimientos sociales que brindan esfuerzos basados en valores que van más allá de las estructuras organizativas que deben llegar a todos los seres humanos y desaparecer las desigualdades sanitarias existentes. En el contexto social, cada pandemia, tiene unos condicionantes biológicos: causa, cuadro clínico, mortalidad, control, prevención, etc., además de peculiaridades propias.

La Peste Negra fue la epidemia más grande de Europa de 1347 a 1351. Quienes pagaron los platos rotos fueron los judíos que, como no tenían suficientes acusadores, se buscaron más entre el clero cristiano que, de muy buena gana, se unieron a los acusadores públicos para realizar linchamientos, robos y asesinatos. En 1892 volvieron a ser los judíos los responsables en los EE. UU. En la de 1832, se acusó a inmigrantes irlandeses de ser los causantes. Otra vez fueron los chinos y en otra ocasión se le achacó a los españoles. Lo que no se puede negar es que siempre está el móvil político al acecho, quedando constancia de la influencia de un grupo en un país. Otras, como sucede en las monarquías, para perpetuarse en el poder. No cabe duda que existen una serie de factores esenciales en el control de una pandemia como es el aislamiento, tratamiento, estudio del diagnóstico, etc.

Hasta ahora, al hacer comparaciones entre los hombres y mujeres afectados por el Covid-19, es un hecho contrastado que hay un predominio de las mujeres sobre los hombres. Es posible que esté motivado por los estilos de vida diferentes. Sucede lo mismo entre profesionales sanitarios y en este caso quizá el trato y la atención al paciente por ser más estrecho y que, por distintas razones, la exposición de las mujeres al contagio sea consecuencia de desigualdades de género o de más implicación en los cuidados de la salud. En cualquier caso, es de suma importancia el papel de los servicios públicos de Sanidad.

También debe tenerse en cuenta el trabajo que la mujer, habitualmente, desarrolla en el hogar sin recibir nada a cambio llegando a la conclusión de que el mundo de los cuidados está regido por mujeres tanto en el hogar como en el cuidado de mayores, de menores y personas enfermas de forma más intensa.

Es imprescindible tener un sistema sanitario eficaz y capacitado para reaccionar ante la emergencia que incluye otros elementos esenciales como los Centros de Atención Primaria, Hospitales y los Servicos de Salud Pública responsables de tareas de epidemias y medidas de control de la enfermedad en la que la sinergia es esencial para dicho control, además de la formación, los equipos de protección, vacunas y demás factores.

Es primordial disponer de más vacunas de las necesarias y que las mismas sean seguras y eficaces en todo el mundo, sin discriminaciones económicas o sociales y que los organismos responsables de la Sanidad permanezcan abiertos y no como actualmente que permanecen cerrados los Centros de Salud de Atención Primaria sin dar explicación alguna al paciente ni a los mismos trabajadores de los centros. Sin olvidarnos de que la vida es el bien más preciado.

 

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