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DIMENSIONES SIMBÓLICAS DEL COMER: LA DIETA VEGETARIANA

La Antropología alimentaria estudia aquello que comemos desde una perspectiva cultural. Los conocimientos que tenemos sobre lo que se come y la forma de comer forman parte de una estructura social construida para hacer sostenible la vida humana.

Encontramos diferentes variaciones dentro de lo que se considera comestible, tanto entre las diversas culturas como entre los distintos estratos de una misma sociedad. De este modo, de acuerdo con unas costumbres, estilo de vida o religión se establece qué es apto para comer y qué no. En consecuencia, la alimentación es una forma de comprender el desarrollo material y simbólico que ha tenido el ser humano, relacionando la necesidad de alimentarse con las construcciones sociales y culturales que distinguen los alimentos, su preparación y combinación (Galeano, 2017).

Una de las dietas o estilo de vida que está teniendo un lugar más notable en los debates sociales, debido a su popularidad, es la vegetariana; provocando constantes debates sobre sus pros y sus contras. Podemos definir el vegetarianismo como “diversos hábitos alimentarios caracterizados por el consumo preferente de alimentos vegetales y la exclusión de alimentos de origen animal” [Galeano, 2017 (Gil, 2010)].

Para entender este estilo de vida, hay que tener en cuenta que las prácticas alimentarias son también prácticas sociales y tienen una dimensión simbólica y social. Es por esto que en este artículo se exploran los motivos que conforman el cambio de dieta, que van desde factores relacionados con la salud y el bienestar corporal hasta la defensa animal, la ética y el medio ambiente. Para ello, nos basaremos en el estudio realizado en 2017 por Andrea del Pilar Galeano: De omnívoro a vegetariano: una exploración de los caminos que permiten el cambio de dieta alimenticia. Mediante entrevistas, esta autora ha llegado a varias conclusiones sobre el cambio a la dieta vegetariana. Entre estas, encontramos dos importantes: la mayoría de las personas que han realizado el cambio afirman que su primer contacto con esta fue a través de familiares y amigos que son vegetarianos. Por tanto, conocer la experiencia por parte de una persona cercana y observar que no tiene problemas de salud, produce confianza y ayuda a que esta se asuma con facilidad. La segunda conclusión parte del proceso de transformación personal que implica el cambio a la dieta vegetariana, el cual causa ciertas reacciones como malestar, preocupación o rechazo de la dieta en los círculos cercanos.

En este aspecto, el hecho de que sea una dieta actualmente muy popular no juega a favor de ella porque, desde diversos sectores de la población, se percibe como una moda o parte de una “locura colectiva” en la que, pasado un período de tiempo, el sujeto recapacitará y volverá al consumo de productos de origen animal.

Desde una perspectiva histórica, considerar el cambio a la dieta vegetariana como preocupante no es casual, ya que ha sido común asociarla a la debilidad y poca vitalidad. Es por esto por lo que habría que ahondar en los significados culturales que se asocian a los alimentos. Por ejemplo, la carne ha sido descrita en diversas sociedades como un alimento que otorga fortaleza y prestigio, relacionado con lo masculino (Contreras, 2002).

A este respecto, Contreras (2002) afirma que hay suficientes evidencias para suponer que la carne es el alimento más demandado, hasta el punto de que el consumo de carne ha sido tomado por los historiadores como un indicador de mejoría económica; puesto que se ha observado que en general cuando aumenta el ingreso per cápita se incrementa el consumo de carne (Contreras, 2002).

Este aspecto se evidencia en España, donde se ha producido un elevado aumento del consumo de carne en las últimas décadas, pudiendo ser un comportamiento derivado de la escasez que se padeció durante la posguerra. Que, aunque no se haya vivido en las propias carnes, se ha heredado el sentimiento de “que no falte de nada” de padres a hijos.

Es por esto por lo que el estilo de vida vegetariano puede implicar un duro proceso de adaptación si anteriormente se ha generado gusto por la carne. Pero, aunque pueda al principio ser tedioso, resulta gratificante sentirte en armonía con los motivos por los que se llegó a implementar la dieta.

Estos motivos, comentados anteriormente, van desde factores relacionados con la salud y el bienestar corporal hasta la defensa animal, la ética y el medio ambiente, y sirven para poder reafirmarse en la decisión de cambiar a la dieta vegetariana y poder mantenerla en el tiempo.

En los factores relacionados con la salud, las personas se ven sometidas a cambiar su dieta alimenticia por la presencia de enfermedades de colon, corazón o por cáncer. Y es por esto por lo que la dieta implica una preocupación por el propio cuerpo (Galeano, 2017).

Unido con los motivos referentes a la salud, encontramos también el bienestar corporal: la necesidad de tener un cuerpo que sea considerado bello por los cánones estéticos que imperan.

Otro motivo para el cambio de dieta es la preocupación por los animales y el proceso de producción de alimentos de origen animal. En este sentido, el estilo de vida vegetariano está relacionado con el ecofeminismo, ya que “los tratamientos hormonales y la selección artificial con el objetivo de aumentar la producción de leche en las vacas, huevos en las gallinas y crías en todas las especies animales en condición doméstica, representan ejemplos claros de un sistema diseñado para la explotación de los cuerpos femeninos” (VALLES, 2019: 94).

Este motivo esta relacionado también con el factor ambiental y el incremento del cambio climático en los últimos años. Por esto, las personas son ahora más responsables de lo que consumen, intentando reducir su impacto negativo en el planeta. Ya que la principal producción de metano y gas carbono que aumentan el calentamiento global es producido por vacas en las industrias cárnicas (Galeano, 2017).

Que el estilo de vida vegetariano sea muy popular entre los jóvenes se debe a la toma de conciencia ambiental y el aumento de prácticas y acciones que no contribuyan al deterioro medioambiental del planeta. Así, este estilo de vida, se considera como una especie de acción directa, en la que independientemente del poder que poseen los sujetos que la ejercen, pueden contribuir a acciones contra el cambio climático. Por ello, la dieta vegetariana significa un cambio en los valores y costumbres culinarias.

Es por esto por lo que, podemos afirmar que la defensa animal, la preocupación por el medio ambiente, el cuidado del cuerpo y la salud han llevado a que la dieta sea considerada un elemento muy significativo y en armonía con la moral de los sujetos. Y no solo por el interés en la conservación del planeta, sino para poder compartirlo con las generaciones futuras.

 

Bibliografía:

Contreras, Jesús (2002). “Los aspectos socioculturales de la carne.” En: Gracia M. (Ed.), Somos lo que comemos. Estudios de alimentación y cultura en España. Barcelona, Ariel.

Galeano, Andrea del Pilar (2017). “De omnívoro a vegetariano: una exploración de los caminos que permiten el cambio de dieta alimenticia.” (Trabajo de Fin de Grado). Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá.

Vallés, Marugán (2019). “Feminismo, alimentación, respeto animal y medio ambiente: Una breve aproximación al ecofeminismo vegetariano y antiespecista.” Revista latinoamericana de estudios críticos animales. Volumen I (Año VI), pp. 83-100 .

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